La honra

10 de Octubre del 2023 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

La honra era algo que tenían los mujeres. Los hombres no debían tenerla. Tú, cuando nacías, si eras niño, ya decían: “Qué bien que sea niño, porque así no tendrá que cargar con la honra”.

La honra debía pesar mucho, por eso los niños corríamos mucho más que las niñas y te subías a los árboles y las niñas no. También es verdad que les veíamos las bragas y claro, eso era pecado mortal, todavía si fuera venial, pero, qué le vamos hacer, Dios nos lo ponía difícil y además el camino de la salvación estaba lleno de obstáculos.

Como las niñas corrían menos que los niños y tenían que cargar y cuidar la honra, nosotros, los niños, nos dedicábamos, siempre guiados por un chico mayor, a buscar alguna chica que la perdiera.

Cuando el chico mayor te decía que María Sinforosa había perdido la honra, tú la mirabas y no notabas nada, únicamente por lo colorada que se ponía y enseguida se metía dentro de casa.

Cuando una chica perdía la honra se convertía en una “cualquiera” y entonces ya la podías insultar y llamarla “coneja” y otras cosas más fuertes.

El chico mayor te decía que la había perdido en la fiesta de Santa Cecilia de Seares y partir de esa fiesta sus padres no le dejaron salir de casa.

La verdad es que en las fiestas se debían perder muchas honras, pues, otra chica de San Juan la perdiera en la fiesta de Lantoira.

Cuando las chicas perdían la honra, en casa, su madre le cocía semillas de ruda en agua y se lo daba a tomar. (Era como la píldora del día después de hoy día).

Si el remedio no funcionaba había que ir a ver a la “bruxa” y cuando le preguntaba, le decía que venía a “desfeir un neno”. Esto solo lo sabían hacer las “bruxas” y además era un pecado gravísimo y mortal que no tenía perdón de Dios.

Había algunas chicas que “desfixeran dous ou tres nenos” antes de casarse y esas iban al infierno de cabeza.

Yo, de pequeño, cuando una vaca abortaba, mi padre me preguntaba si se había “amarrado” con otra y por eso pensaba que la “bruxa” se “amarraba” con María Sinforosa, pero, no, no debía de ser eso.

Para volver a encontrar la honra se buscaba a un “infeliz” que se casara con ella. Eso sí, antes se visitaba otra vez a la “bruxa” para que ejerciera de “zurcidora de gustos”.

La boda se celebraba a las seis de la mañana y la novia no podía ir vestida de blanco. Sería que, a esa hora, Dios que todo lo ve estaría dando una cabezadita y no se enteraba.

Ahora, hoy en día, estamos mucho mejor. Tú, si pierdas la honra, vas a Telecinco, lo cuentas y encima te pagan muy bien y más si das detalles.

Qué bien estamos ahora. Cuánto hemos progresado.

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