La Nueva España » Cartas de los lectores » Jesusín, el minero dinamitero y revolucionario

Jesusín, el minero dinamitero y revolucionario

12 de Octubre del 2023 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Jesusín tenía cinco años y siempre andaba con la cara “fañada”.

Le gustaba comer tierra. Empezó a ingerirla cuando lo destetó su madre a los dos años. Las rebanadas de pan que le cortaba su abuela las untaba con tierra del huerto donde crecían las berzas. Más de una vez me pidió ayuda y entre los dos apartábamos las lombrices con la mano y echábamos la tierra encima del pan.

Según él existían quince tipos de tierra. Una sabía a marisco ya que el terreno estaba cerca del mar y recibía el salsero cuando había marejada. Otra sabía dulce porque estaba plantado el maíz en ella, pero la que más le gustaba era la del huerto de las coles, pues tenía un sabor picante y yo creo que era porque estaba abonada con estiércol de caballo.

Jesusín intentaba que yo probará la tierra, pero le dije que yo era más del reino animal y vegetal, ya que me gustaba más el guiso de carne con patatas y pimientos.

Yo le decía que como siguiese comiendo tanta tierra iba a echar raíces en el huerto y no podría ir a ninguna parte.

Jesusín quería ser tres cosas en la vida. Una era ser minero y cavar túneles como las lombrices de tierra. Me decía: “Mira, yo quiero ser como las ‘biñocas’, porque, además de comer tierra, cuando les cortas un trozo del cuerpo se regeneran”.

Un hermano de su padre era minero en Turón y él quería seguir su camino.

Otra cosa que quería ser Jesusín era dinamitero y experimentaba con botellas llenas de gasolina, le prendía fuego a una mecha dentro de ellas y estas explotaban con una llamarada amarilla-rojiza, y, la tercera cosa que quería ser Jesusín era revolucionario. Yo lo de dinamitero no lo veía mal, pero lo de revolucionario llamándose Jesús como que no lo veía tan bien. Así que decidimos que de ahora en adelante se iba a llamar Lino y cuando se marchará para Turón se llamaría Lenin.

El padre de Jesusín trabajaba en una mina de sal. Murió cuando este tenía dos años. Tuvo una muerte muy salada, pues un derrumbe en la mina lo dejó sepultado durante tres días. Cuando lo sacaron estaba blanco y tieso como un arenque en salazón.

Jesusín recuerda pocas cosas de su padre, lo único que recuerda eran aquellos besos salados que le daba en su cara al volver del trabajo y quejándose siempre de lo sosa que estaba la sopa, al mismo tiempo que sacudía el pelo encima del plato.

Jesusín marchó para Turón y durante muchos años trabajó en la mina, aunque tuvo el mismo destino que su padre. Un día, cuando su compañero le daba tira, un derrumbe de carbón lo sepultó entero. No quedó ni una mano ni un pie fuera para que pudiera regenerarse.

Los compañeros en el funeral le cantaron el “Santa Barbara, bendita” y en la esquela, después del nombre de Jesús, aparecía entre paréntesis el nombre de Lenin.

Jesusín corrió delante de los grises tirándoles petardos en la huelga de la minería, pero la tercera cosa que quería ser no la pudo cumplir. La revolución la tenía escrita en un cuaderno de rayas que encontraron en su habitación dentro de un periódico de La Nueva España.

Cartas

Número de cartas: 49572

Número de cartas en Marzo: 149

Tribunas

Número de tribunas: 2194

Número de tribunas en Marzo: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador