No es un derecho pedir un disparate por una vivienda
Cuando la mayoría de nuestros hijos encuentran sitios en los que podrían vivir y así emanciparse, o adaptarse a nuevas circunstancias de vida, alguien que disfruta de su titularidad les pide, para que puedan acceder a ellos, unas determinadas cantidades de dinero. Pero estas resultan excesivamente altas comparadas con su poder adquisitivo. En otras palabras, solo una muy pequeña cantidad de viviendas en el transcurso de las próximas semanas alojará a personas que las estaban buscando porque sí se las pueden permitir. ¿Qué ocurre entonces con el resto, con esa gran mayoría de chicas y chicos que también las necesita?
Hay millones de recintos cerrados vacíos, con decenas de metros cuadrados de superficie, techados a una altura superior a dos metros, internamente divididos y con infraestructuras exteriores e interiores de agua, electricidad, e incluso a veces de gas. Debido a la construcción de estos recintos, el suelo sobre el que descansan ya no ha podido ni puede dedicarse a la siembra; tampoco se permite la cría de ganado en él, ni la construcción de parques recreativos infantiles o de adultos, ni polideportivos o centros culturales. Los animales de su entorno tampoco pueden llevar a cabo sobre esos metros cuadrados sus procesos vitales.
En su momento, quienes construyeron estos recintos pudieron hacerlo beneficiándose de leyes orgánicas en vigor, otras de menor rango, multitud de reglamentos, etc. Estas normativas permitieron las sucesivas transformaciones -todas ellas contaminantes- de muchos elementos constitutivos de la corteza terrestre, las aguas y del aire, dando lugar a lo que llamamos materiales de construcción. Con estos materiales se construyeron vigas, solados, paredes, techos, puertas, ventanas, etc. Y las leyes también permitieron que seres humanos remunerados en su labor ejecutasen todos estos trabajos. Pero, ¿qué ocurre cuando el producto ya está listo, más o menos recientemente?
¿Y cuál es el porqué de tantas facilidades normativas por parte de las diferentes administraciones del Estado para que hayan podido ser edificados estos recintos cubiertos, cerrados, compartimentados, con agua corriente, etc.? Estas construcciones llegaron a lo que son y pueden mantenerse legalmente en pie debido a que en nuestra madre legislativa se nos reconoce el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. ¡Claro, es que estos recintos son viviendas! ¡Pero las viviendas son para que se habite en ellas!
La Constitución va más allá. No solo nos reconoce este derecho, sino que dispone que los poderes públicos, entre otras actuaciones, promuevan las condiciones necesarias -¡incluso legislando!- para hacer efectivo este derecho e impedir la especulación. ¡Vaya, pues hay millones de procesos finales -posteriores al producto acabado- que se encuentran interrumpidos!: los que convierten viviendas disponibles en viviendas usándose como tal en España. O sea que no estamos materializando en demasía el ejercicio de este básico derecho, que también se incluye en la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada veintiún días antes de finalizar el año 1948 por muchísimos países y con ningún voto en contra.
Sindicatos, colegios profesionales, patronal, convenios colectivos, Ministerio de Trabajo, etc., regulando la actividad de tantos profesionales como hacen falta para que se complete la construcción de un piso o una casa, y, después, el hecho de que realmente en su interior se desarrolle una hogareña vida solo depende de la generosidad o el excesivo egoísmo de unas personas por el único hecho de ser sus dueñas.
¿Necesitamos un estudio sociológico y de mercado para descubrir la cantidad de personas que buscan sitio para vivir, y compararla con los millones de recintos cerrados, vacíos, techados, etc., en los que moran hormigas, arañas, apenas algunos bípedos alados, pero ninguno de los que hacemos la declaración de la renta?
Hay quienes se sienten con el derecho a pedir lo que sea a un comprador o inquilino; pero esto ni es un derecho, ni nunca lo fue; las personas que de esta manera se comportan quieren hacerlo así, lo hacen y no es ilegal que lo hagan. Esta forma de actuar conlleva tristeza y frustración para quienes buscan donde crear un hogar, claro que sí. Pero, ¿afecta positivamente a quienes, disfrutando de uno, tienen tanta necesidad de sensación de seguridad, que buscan aumentarla con el exceso de dinero que piden? La vida nos dice que si buscamos sentirnos mejor evitando la generosidad pretendemos algo sencillamente imposible; y esto es un hecho.
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