Perdiendo paz, ganando guerra
Arnold J. Toynbee decía que la historia está llena de guerras por fanatismo religioso o nacionalista, con tiempos intermedios de angustia en los que ahora (soy yo quien lo dice) aflora el terrorismo. Una reflexión suya dice: “El pacífico debe elevarse al nivel del guerrero para detenerle”. ¿Pero quién de dos enfrentados es el pacífico que se ha elevado al nivel del guerrero? Para mí será quien defienda la democracia en libertad y un Estado social de derecho. Toynbee proponía: “Lo que la situación eminentemente exige es una asociación voluntaria de los pueblos amantes de la paz con suficiente fuerza y cohesión para que no puedan ser atacados por ninguno que rechace su pacto de seguridad colectiva o lo rompa; y ese poder mundial de preservación de la paz debe no solo ser suficientemente preponderante en su fuerza para convertir en desesperado cualquier ataque contra él; debe también ser suficientemente justo y sabio en su uso de la fuerza como para impedir que surja ningún serio deseo de desafiar su autoridad”. Pero hay ambiciones geopolíticas enfrentadas que desean detentar tal autoridad: una busca una sociedad cerrada colectivista y la otra una sociedad abierta liberal. Hay un pacto Rusia, China e Irán (con Corea del Norte apoyando), y pendiente estaba un pacto entre Israel y Arabia Saudita (después del pacto entre Marruecos e Israel con el visto bueno de EE UU). La geopolítica del BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) intenta poseer “Isla Mundial” (Europa, Asia, África) y además América del Sur. Mientras que la otra geopolítica intenta defender su castillo y tiene como torre del homenaje al AUKUS (Australia, Reino Unido, EE UU -fácilmente ampliable a toda la Commonwealth- abandonando Europa, y de ahí el brexit) siendo Europa el patio del castillo e Israel su puente levadizo (enfrentada al vértice sur del “Área pivote” que enfila África).
El terrorismo, con su odio y desprecio de las sociedades abiertas, se aprovecha de ellas para ejecutar actos terroristas con el fin de provocar una respuesta terrorífica del Estado, que lo convertiría en sociedad cerrada, como la de quienes lo usan y alientan. Nadie con ideas éticas puede considerar al terrorismo un medio para un objetivo de bienestar humano; por el contrario, es un suicida asesino del bienestar humano. ¿Pero quién con ambición geopolítica puede alentar y armar al terrorismo suicida (usando sus países peones) para que sea avanzadilla de la institución de la guerra que le dará pingües beneficios a su industria, comercio, y a su poderosa ambición de país central del mundo? ¿Qué fuerza militar se le puede oponer si no es ella misma también terrorífica y suicida? Este mundo, con todas sus tecnologías de inteligencia artificial, se está convirtiendo en una sociedad cerrada aparentemente abierta, pero poco reflexiva y aún menos librepensadora; una sociedad a la que un oscuro poder desea manipular para convertirla en una sociedad cerrada.
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