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Medita, que algo queda

13 de Octubre del 2023 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

Me cercioro de que hay un avance significativo y ya innegable de nuevas formas de espiritualidad, ajenas a las tradicionales y más arraigadas por razones histórico-culturales y de proximidad. Se busca conectar con toda fuente de poder sanador y terapéutico de modo ecléctico y, a veces, rayano en lo chamánico. Se invoca a fuerzas del universo, al Ser Supremo adogmático, se desarrolla la práctica disciplinada, pero flexible, del sendero del bienestar o Dharma. Es muy cierto, y nunca censurable, que millones de occidentales o europeos meditan a diario y conocen algo semejante a un budismo o mindfulness, presentes en nuestras sociedades desde mediados de los años sesenta.

James W. Fowler o nuestros sincréticos hermanos Panikkar hablaban de que son pocos los que desarrollan un sentido moral universal más allá de los dictados de una expresión religiosa concreta, a veces, simplemente, un conjunto de muy respetables costumbres y herencias étnicas, ritualistas y tradicionales. ¿Somos acaso plenamente conscientes de la justicia equitativa, la compasión desinteresada y el amor curador, en un plano universal? Hoy se vive muchísimo mejor en lo que respecta al disfrute de comodidades y bienes materiales, pero frente al cortisol, la inflamación y las trastornos de ánimo graves, también se busca el sentido del bienestar integral, el bien y lo sagrado vitalista, más allá del diálogo autodestructivo, las máscaras de quita y pon, el materialismo soez y craso, falto de finura espiritual, el imperio de lo efímero banal, los enfados, los conflictos políticos magnificados y la mentira. Es indudable que puede haber claros fraudes, falsos y pomposos gurús, pero es que vivimos en sociedades plurales, donde los ejercicios espirituales ignacianos, el budismo y el yoga proclaman la práctica de la virtud sin avidez ni orgullo, desde el más grato sentido del humor, desenmascarador de tanto autoengaño, frialdad y crueldad anticompasiva. Todo esto dicho, desde el máximo respeto a nuestra religiosidad tradicional y arraigada, católica mayormente. De la que solo se quiere ver sus lunares, aspectos negativos, “falta de puesta al día” y escándalos. Cuando ha sido y es fuente de cierta cohesión social humanizadora y de afirmación de valores en Cristo-Jesús. También es muy evidente que hay unos crecientes agnosticismos y ateísmos, no necesariamente nihilistas o abruptamente iconoclastas, con fórmulas humanistas laicas y de bienestar social, basadas en universalizar avances científicos, cultura solidaria y protección social, según un desarrollo muy civilizado de los Derechos Humanos.

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