Día mundial de la soberanía alimentaria
Este lunes 16 de octubre es el día mundial de la soberanía alimentaria, un concepto y una práctica que no fue inventado en un laboratorio, en una universidad o en una sede de Naciones Unidas, sino que nace del propio Movimiento Campesino, y fue formulado como propuesta y como práctica en una de las Conferencias Mundiales de la Vía Campesina Internacional, que agrupa a más de 200 millones de personas.
La Vía Campesina afilia a muchos sindicatos agrarios, comunidades campesinas e indígenas de todos los continentes. También en Palestina, cuya entidad local ha denunciado el uso del hambre como crimen de guerra por parte de Israel.
“El uso deliberado del hambre como arma de guerra por parte de Israel exige que la comunidad internacional responda de inmediato con urgencia y determinación”, dice la UAWC.
Pero también la UNRWA de la ONU ha dicho estos días que los bombardeos están “afectando al menos a 112.759 familias. Los sectores avícola y ganadero están al borde del colapso debido a la grave escasez de alimentos, lo que pone en peligro los medios de vida de más de 1.000 ganaderos y afecta a más de 10.000 productores. Esto amenaza la provisión de proteínas animales y la disponibilidad de carne y fuentes frescas de proteínas para toda la población de Gaza. El transporte de aves de corral a los mercados se ha detenido prácticamente, y la leche de las vacas lecheras no puede ser refrigerada ni comercializada en fábricas, lo que resulta en un esperado desperdicio diario de 35.000 litros de leche. Más de 4.000 pescadores están en riesgo debido al cierre del mar. La agricultura, la avicultura, el ganado, la pesca y otros productos de Gaza sufren por la falta de refrigeración, riego, incubación y otra maquinaria debido a los cortes de electricidad, lo que provoca desperdicio”.
Obviamente resulta perentorio y urgente detener esa barbarie.
Para la Vía Campesina Internacional el 16 de octubre es un día de movilización, en torno a la soberanía alimentaria y la agroecología, e indica que hace unos siglos la base de la alimentación humana eran unos 3.000 vegetales, y hoy son cinco granos. Cuatro grandes monstruos controlan los alimentos que comemos, deciden lo que comemos. La cadena alimentaria se maneja desde arriba para que unos cuantos engorden su riqueza con el hambre humana y la esclavitud de la Tierra.
Las y los campesinos y las personas que viven en las zonas rurales, los pescadores en pequeña escala, los pastoralistas y los trabajadores rurales representan casi la mitad de la población mundial.
Cuando habla el movimiento Vía Campesina Internacional de la soberanía alimentaria se está refiriendo a eso, a la Vida. Al derecho que tienen los pueblos a producir y consumir alimentos nutritivos, culturalmente adecuados, accesibles, y producidos de forma sustentable y ecológica.
Que se aseguren los derechos de uso y gestión de las tierras, territorios, aguas, semillas, ganado y la biodiversidad, que estén en las manos de quienes producen los alimentos. La Soberanía Alimentaría da lugar a nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones.
Comidita sana. Enfriar el planeta en vez de calentarlo. Recursos naturales protegidos. Agroecología. Mercados locales. Comercio justo...
En Asturias al menos habrá intercambio de semillas en Oviedo este domingo, concentración divulgativa en Langreo el lunes, conferencia sobre los nuevos transgénicos el martes en Avilés.
Pero hay un asunto central y relacionado con la comidita que ha tenido un liderado impulso esta semana: en diciembre de 2018 las Naciones Unidas aprobaban una Declaración de Derechos del campesinado que ha tenido escasa divulgación en nuestro país (¿tal vez porque ni el Gobierno de Rajoy ni el de Sánchez fueron favorables a dicha aprobación?).
Pues bien la ONU ha vuelto ha aprobar un pronunciamiento en su 54.ª sesión, una abrumadora mayoría de estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas dio un paso histórico al votar a favor de una resolución destinada a seguir aplicando la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los y las campesinas y de otras personas que trabajan en zonas rurales (UNDROP).
Lo cual refleja un incesante esfuerzo mundial por promover y defender los derechos de los y las campesinas, los y las trabajadoras agrícolas, los y las pescadoras, los y las pastoras, las personas que dependen de los bosques, los nómadas, los pueblos indígenas, las mujeres rurales y otras comunidades rurales. Con un apoyo abrumador, que incluye 38 votos a favor, 2 en contra y 7 abstenciones, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha abierto un nuevo y prometedor capítulo en la lucha por los derechos de los y las campesinas y otras comunidades rurales de todo el mundo.
Esta Declaración de Derechos del campesinado UNDROP es un instrumento importante que sienta las bases sobre las que construir mejores políticas públicas para la Soberanía Alimentaria, la Agroecología Campesina, la justicia climática y la reforma agraria, y para protegernos de la criminalización de las luchas. Este esfuerzo colectivo busca construir sociedades mejores y socialmente justas, centrándose en el bienestar y la dignidad de todos y todas, especialmente de aquellas personas que viven en zonas rurales y agrícolas.
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