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La lectora que escribía cartas de amor

17 de Octubre del 2023 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Isabel de Constantina era la segunda de cuatro hermanos. A los 6 años acudió a la escuela de Vilavedelle por primera vez. Ya sabía algunas letras y números que le había enseñado su hermana, así que le resultó fácil leer y escribir sin faltas de ortografía. Su pasión era leer novelas y escribir en libretas o papel que encontrara.

Manuel José era un joven de unos 20 años. Vivía al lado de su casa. Trabajaba desde pequeño carretando leña en el monte. No había podido ir a la escuela. No sabía leer ni escribir.

Un día pasó por el pueblo un carromato de gitanos en dirección a Santander. Dentro iba Mary la Santanderina, que era una joven morena, bien parecida, con unos ojos marrones que posaron su mirada de niña en el joven Manuel José.

Este, al sentirse observado, se enamoró perdidamente de Mary la Santanderina. El amor fructificó en ambos al mismo tiempo, pero los hados del destino estaban escritos en la noche y los dados de la suerte aún estaban dentro de la mano del crupier.

Mary estuvo quince días acampada en el lugar del Ferreiro. Estuvieron los dos viéndose a escondidas y jurándose amor eterno.

Al partir, Mary prometió escribirle, aunque ella tampoco sabia leer ni por supuesto escribir.

Cuando los gitanos llegaron a Oviedo, Mary tuvo que ser ingresada en el Hospital del Naranco con una enfermedad pulmonar. A los pocos días, escrita por una enfermera, le llegó la primera carta de Mary a Manuel José dándole cuenta de su estado y de todas las promesas de amor.

Manuel José, al recibir la carta, acudió a Chicha para que se la leyera y contestar con otra carta similar.

Durante un año estuvieron recibiendo y enviando cartas de amor hasta que un día Manuel José recibió una última carta de despedida.

Mary la Santanderina, sintiendo que se moría, le dictó a la enfermera su última carta de amor. Cuando ya estaba escrita le pidió una barra de labios y en sus bordes impregnó con su boca el último aliento que le quedaba.

La lectora, Isabel, se encargó de leer su postrera carta. Con gran dificultad llegó al final, y al terminar, unas lágrimas cayeron de sus ojos. Se dio cuenta, con pena y dolor, que su función había terminado.

Manuel José nunca olvidó a Mary la Santanderina. Compró una barraca de feria y se dedicó durante toda su vida a recorrer fiestas y mercados y vender y regalar ilusiones a los niños y niñas en las romerías.

Este relato es verídico. La lectora vive y me permitió dar su nombre real.

A uno de los personajes le cambié el nombre, ya que tiene familia en mi pueblo de nacimiento.

Por lo tanto, amigos de FB: ¿hay algo más bonito que el amor, aunque el amor, como las rosas, esté lleno de espinas?

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