¿Nos encaminamos hacia las cartillas de racionamiento?
Es posible que el título de este artículo les sorprenda, pero después de desarrollarlo ustedes verán que no me he vuelto loca al escribirlo.
Estamos en una situación política y económica muy difícil a nivel nacional e internacional. Decir en este contexto que cuando una mariposa bate sus alas en Singapur nos resfriamos en Europa no es más que constatar el nivel de interrelación a nivel planetario, y que no es posible obviar esta relación por más que hayamos perdido con ello nuestra autonomía como país, más allá de unas pocas decisiones a nivel nacional que no por mínimas son menos importantes.
Como ustedes saben en los últimos meses, pero sobre todo desde el comienzo de la guerra de Ucrania, los precios de los alimentos se han disparado a límites pocas veces vistos en este país, si a eso unimos ciertas normas y leyes que ponen en peligro la producción de algunos alimentos (nunca fuimos tan dependientes de productos foráneos como ahora), una distribución muy deficiente que se realiza prácticamente por carretera que (aunque subvencionada por el Gobierno) dicho transporte no ha hecho más que encarecerse, si unimos que la bajada del IVA en ciertos productos lo único que ha hecho fue agrandar los márgenes de las empresas distribuidoras, tenemos la posibilidad de una escasez en algunos productos básicos en nuestra dieta alimenticia.
Las decisiones en materia alimentaria de la Unión Europea son a todas luces un lastre, no solo por el empobrecimiento de los productores de dichos productos, sino por el sometimiento de los países de la eurozona a los caprichos de otros que por intereses geoestratégicos pueden manipular y de hecho lo hacen algo tan sensible como los alimentos. Mientras, Europa somete a restricciones de producción, por ejemplo, los cereales. España era un productor cerealero y ahora depende del cereal de Ucrania.
Permítanme en este momento recordar los versos de Rafael Alberti en su poema "La Paloma": "Se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba".
Tal era la producción de cereal en nuestro país que parecía un mar. Nadie podía sospechar que a la vuelta de unos años dependeríamos de cereales foráneos.
En los últimos días venimos escuchando la posibilidad de encarecimiento de los productos avícolas hasta tres veces más de lo que cuestan en este momento (por la ley animal), sometiendo a las economías familiares junto con la subida de los tipos de interés a un estrés que no todos podrán soportar, con lo que la baja calidad alimentaria y el impago de hipotecas serán dos factores a tener muy en cuenta en los próximos meses.
Gran parte de lo que está sucediendo en este sentido la tiene sin ninguna duda las decisiones tomadas por parte de los miembros del Gobierno, pero avalados al final por su presidente, que es el responsable último de dar viabilidad a algunas leyes que están poniendo en peligro el abastecimiento alimentario en todo el país. El encarecimiento del aceite de oliva, más allá de la sequía, es el resultado de unas políticas restrictivas por parte de Europa a los productos del sur para potenciar a los aceites y grasas del norte; sí, ya sé, esas son políticas de Europa, pero alguna vez, solo alguna, nos gustaría ver a nuestros gobiernos defender a sus ganaderos, agricultores, pescadores, y no condenarlos al abandono de sus explotaciones por falta de una política valiente y defensora de sus derechos.
Por otra parte, en la presente legislatura se han tomado decisiones que llevan a los ciudadanos a medio plazo a convivir con escaseces alimentarias que acabarán con la implantación de corralitos para distribuir esos pocos alimentos entre todos.
¿Lo harán por número de personas en el ámbito familiar o lo harán por edades, tal vez dando menos cantidad a los mayores que a los jóvenes y niños por aquello de que ya no son productivos y no necesitan tanta cantidad de alimento?, ¿se implantarán granjas comunales o tal vez la corrupción se apoderará de todo y solo habrá alimentos para los que puedan pagarlos? No crean que esto es ciencia ficción, esto pasará a menos que haya un gobierno que ponga por delante de sus propios intereses políticos los intereses de la sociedad. Solamente un apunte para recordar que las cartillas de racionamiento dejaron de funcionar en España en abril de 1952, después de una guerra y una posguerra llena de hambre y miseria. Créanme cuando les digo que las catastróficas decisiones que se tomen en el presente pasarán su factura no más allá de diez años.
Estas preguntas y algunas otras nos las hacemos los ciudadanos a la luz de ciertas políticas filofascistas o comunistas, que tanto da que da lo mismo, que estamos viviendo en la última legislatura (ya sea por el gobierno o por la oposición) con posiciones cuya finalidad es el rasero a la baja de la sociedad para mejor manipulación de sus miembros.
Por este camino, ¿para cuándo el uniforme único y la implantación del libro rojo de MAO?, ¿o el pensamiento genocida de Hitler, que por cierto también tiene su libro?
Convendría recordar a Maquiavelo cuando dijo: "Los estados bien gobernados han tenido cuidado de no reducir al pueblo a la desesperación ni al descontento".
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