Día de Difuntos

1 de Noviembre del 2023 - Fernando Vijande Fernández (CASTROPOL)

María va todos los días al cementerio. Su marido se murió hace cinco años y ella no puede olvidarlo. Su primer pensamiento del día es para él. Todavía no se acostumbró a poner una sola taza para el desayuno. Más de una vez tuvo que recoger una de las dos que había puesto.

¡Cuánto cuesta el olvido! Cuántas veces, al despertar, extiende la mano en la cama y esta vuelve vacía a su lado.

Le gustaba ese olor que desprendía, ese aroma cuando estaba a su lado.

María se sentía bien cuando estaban juntos. Se entendían sin hablar, les bastaba una sola mirada. El marido de María trabajó toda su vida en una empresa y el último día del mes le entregaba el sobre completo de su nómina, no se quedaba ni siquiera unos euros para tomar un café, no le gustaban los bares y era feliz trabajando en su huerta.

A los dos años de jubilarse el marido de María comenzó a sentirse mal. El apetito se le fue y perdió peso. Cuando se decidió a ir al médico le dijeron que no había nada que hacer. A los dos meses falleció.

Otra María se casó muy enamorada de su marido. Cuando lo conoció, se acuerda Otra María, llevaba puesto un jersey blanco de cuello subido que resaltaba con su piel morena y en su mano tenía un vaso de cubalibre.

Los primeros años de la Otra María no fueron malos de todo, aunque su marido cambiaba de trabajo muy a menudo porque no le pagaban y cuando le pagaban se lo guardaba para él y no le daba nada. Llegaba el marido siempre tarde y las más de las veces con demasiado alcohol en el cuerpo.

La Otra María se acostumbró a cerrarse en la habitación junto a su hijo y dejarle que durmiera en el salón. Más de una vez se le fue la mano y la Otra María disimulaba y maquillaba su cara para que no se supiera.

Un día el marido de Otra María comenzó a sentirse mal, con vómitos y a adelgazar. Cuando fueron al médico le detectó un tumor y vivió cinco años encamado y cuidado por su mujer sin que le faltara de nada a pesar de los insultos que recibía.

Hoy, que es día de Difuntos, María y la Otra María van juntas al cementerio y cada una lleva su ramo de claveles rojos y paniculata a su marido.

Bueno, esto viene a cuento porque yo tenía una tía, la tía Carmina, que se casó con un señor que era viudo dos veces y el día de Difuntos preparaba dos ramos de flores para sus mujeres fallecidas y mi tía se enfadaba con él, porque una había sido muy buena y la otra muy mala y ella creía que la mala no merecía nada.

Pero bueno, hoy que es día de Difuntos, no vamos hacer distinciones y espero que todos los que no están con nosotros reciban su reconocimiento.

Yo, sin embargo, no confío en nada y solo como decía el cantautor Javier Krahe espero que: "Las flores que saldrán por mi cabeza algo darán de aroma".

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