De la necesidad, virtud
El actual secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha comparecido ante la plana mayor de su partido para solicitar apoyo de los suyos ante el último reto que le ha deparado esta convulsa etapa política que se inició hace casi una década, con la desaparición de las cómodas mayorías absolutas que se repartían entre PP y PSOE y con el nacimiento de una España más plural y, de facto, más compleja de gobernar. Ese reto es la amnistía a los responsables de los hechos ocurridos el 1 de octubre de 2017.
1. El 1 de octubre de 2017, la DUI (Declaración Unilateral de Independencia) "no nació de la nada", fue consecuencia del ninguneo ejercido por parte de los gobiernos centrales. Primero, el incumplimiento de José Luis R. Zapatero de la promesa de "apoyaré en Madrid lo que decida el Parlamento catalán" (en relación con la reforma del Estatuto de Cataluña) propuesto por CIU, partido hegemónico y nada independentista por aquellos años (el independentismo, por entonces, tenía un apoyo del 18% de la población). El posterior gobierno de Mariano Rajoy fue aún más lejos, negando "el pan y la sal" al Gobierno de Cataluña, desoyendo las advertencias sobre las consecuencias de las mismas (el independentismo creció en las calles de manera abrumadora). Se estaba jugando con algo muy delicado, "el sentido de pertenencia", y el TC dio la estocada que llevó a un crecimiento espectacular del independentismo (49%)
2. Por parte del independentismo (PdCat, ERC, CUP) olvidaron sus profundas diferencias ideológicas (PdCat, de derechas, y Cup, de extrema izquierda), solo les unía la consecución de la independencia. Se lanzaron a la calle, la agitaron y construyeron un relato en el que se mezclaban los legítimos sentimientos de pertenencia (ámbito emocional) con la promesa de una república ¿idílica? portadora, por sí misma, de un futuro prometedor dentro de Europa (los constructores del "relato" para nada ponían en duda el reconocimiento de una República Catalana por los organismos internacionales). El relato se compró y las calles se llenaron de esteladas. El procés era imparable y así llegó el 1 de octubre de 2017.
3. Era evidente que, con la ley en la mano, aquello no tenía ninguna viabilidad. Los responsables de sacar las urnas lo sabían al igual que el Gobierno de España. Por eso, Puigdemont había preparado su fuga tras proclamar la independencia de Cataluña, que duró siete minutos. Rajoy aplicó el artículo 155 de la Constitución y todo había terminado... en la cabeza de Rajoy... o no.
4. No solo no había terminado, sino que el conflicto se había enquistado y todos los fantasmas que quedaron encerrados en el sótano del título VIII de la Constitución de 1978 empezaron a quitarse la naftalina. La naftalina cumplía su papel mientras los dos grandes partidos PP/PSOE representaban más del 70% de la voluntad popular. Con la aparición de nuevos partidos, estatales y locales, aquel 70% quedó profundamente debilitado y una nueva España más plural, más heterogénea y más rica en términos democráticos se abrió camino y el Estado de las autonomías quedó en evidencia porque fue un "constructo" artificial que para nada daba respuesta a las legítimas demandas de al menos catalanes y vascos.
5. El Gobierno en funciones de Pedro Sánchez tiene un problema. El independentismo catalán, otro. Es el relato. Relato que requiere de muchas dosis de pedagogía política. El primero, incapaz de explicitar que estamos ante un tiempo nuevo cuya obligación es dar respuesta a lo que se ha dado en llamar el "encaje de Cataluña" (y, por supuesto, de Euskadi y Galicia) en el marco de la actual Constitución; ha permitido que el "pseudo-relato" de PP/Vox se imponga en las calles del resto de España al grito de ¡España se rompe! y Sánchez es un "¡vendepatrias!" por mantenerse en el poder (gritos suficientemente potentes y emocionales que no necesitan pedagogía). "De la necesidad, virtud", podría haber sido la percha de la que se podía haber iniciado el relato pedagógico pendiente de la organización territorial del Estado, en su lugar ha alimentado la demagogia barata de PP/Vox sobre las ambiciones personales de Sánchez, y es lo que está quedando en la calle.
Por parte del independentismo, responsable de construir y vender una idílica República Catalana (similar a lo que hicieron los conservadores en Gran Bretaña con el brexit), tienen la tarea "ingrata" de explicar a los suyos que lo que se hizo el 1 de octubre de 2017 no solo no era posible, sino que además se hizo mal.
6. La amnistía que se prepara estos días es perfectamente constitucional (salvo para los de la naftalina). Es un error (además de una falacia) seguir insistiendo que si se concede la amnistía se rompe con el Estado de derecho, se proclama la impunidad y el independentismo queda legitimado para volver hacerlo. Al respecto conviene señalar que la amnistía no encierra ninguna patente para volver hacerlo. Si esto ocurriera, sus promotores saben perfectamente que se volvería aplicar la ley. Otra cosa es la retórica. Puigdemont y los independentistas lo saben, pero su problema es cómo construir su relato para los suyos. Esa es su responsabilidad. Ello nada tiene que ver con renunciar a su legítima aspiración a la independencia porque nace de las emociones y del sentido de pertenencia. Solo un zoquete puede pensar que se puede acallar o terminar con el independentismo. Otra cosa es, si ello es posible y cómo, con el marco constitucional actual. Y eso se llama política.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

