Nuestro pasado y su futuro
Cuando era joven me paraba a hablar con quien me encontraba, y solía hablar con los más jóvenes sobre todo de la actualidad o sobre su futuro. Ahora, en un centro para mayores, el tema de nuestras conversaciones suele girar sobre lo oído o visto en la tele o el periódico. Al menos nos hace abandonar el aburrimiento. Los pensamientos y emociones más personales los dejamos para el silencio que en nuestra habitación nadie vendrá a romper.
Parece ser que todas las imágenes que interesan a la gente no tienen rostro. Nuestro pasado es presentado como algo obsoleto. En muchos momentos pienso que la gente ha perdido su personalidad mientras el pasado adormece perdido en las aguas del olvido. Y aún peor: la gente (y no solo los partidos políticos) parece que ahora hasta necesita encontrar un enemigo para definirse.
De modo que nos vienen siempre bien las visitas amigas de los más jóvenes. Veo que a todos ellos les preocupa ante todo el futuro, como nos preocupó a nosotros, y aún más. El futuro siempre estuvo en función de la edad. Era distinto nuestro futuro antes al de ellos ahora. Muchos acertadamente piensan y buscan un futuro, ante todo, mejor y compartido. Algo que parecen no tener claro muchos políticos. Ellos se vinculan a ese su futuro esperanzador que, por lo demás, respeta nuestro pasado. Y por ellos no debemos dar marcha atrás.
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