¿Rey de reyes?

5 de Noviembre del 2023 - Marino Iglesias Pidal (Gijón)

Más de uno. Y de distinta índole.

Por respeto hacia los creyentes, el primero que debo nombrar y, por seguir respetando, sin comentar, es Jesucristo, claro. Después están los peliculeros de fantasía y tal, como King Kong, por ejemplo.

Desde luego, la variedad no falta, la imaginación da para todo. Por supuesto los descendientes de aquellos que hay que ir a buscar tres mil años antes de Cristo. Y después están los de verdad. Los que están porque lo son, por méritos propios. El león, por ejemplo, rey del reino animal, irracional... o con no mucho razonamiento.

Y, por supuesto, el más real de todos. Quiero decir, no por su existencia, no más evidente que la del león, sino por su esencia, que le adjudica el indiscutible trono terrenal.

Dos reyes de verdad, el león y el hombre. La diferencia entre ambos, evidente. El león manda por sus armas naturales, fuerza, garras y dientes, y el hombre, ya se sabe. Que, por cierto, no he dudado, no hay duda, me ha salido espontáneo, el calificar de “naturales” las armas del león, pero a la hora de calificar el arma hegemónica del hombre... me han entrado ciertas dudas.

Pero bueno, en fin, con el rollo en que me he metido, suficiente. Lo que sí no hay duda es que cada cual con sus armas busca obtener lo que apetece. Y lo que apetece, en la naturaleza, entre la apetencia y lo que apetece siempre existe un equilibrio que determina la supervivencia de lo apetecible y el apetecedor.

En la naturaleza del hombre está el desequilibrio aniquilador.

Al león le importa un coño que sus leoncitos sobrevivan y sobrevivan los leoncitos de sus leoncitos y así y así y así. Lo mismo que al hombre, que le importa el mismo coño. Pero, coño, el hombre es un ser inteligente, no solo tiene consciencia de lo que es, él y todo cuanto le rodea, también lo es de sus mangoneos, de la incidencia que tienen en sí mismo y en su mundo, ¡y de la que tendrán!

¿Entonces? ¿Por qué ese disparate de actuar como actúa?

Cada cual actúa con lo que tiene. En el caso del león no hay nada que preguntarse, la respuesta es tan limitada como limitados son sus poderes: fuerza, garras y colmillos.

Ay, amiguín, en el caso del hombre, la inteligencia. Casi nada. Y la inteligencia ni siquiera es el arma, las armas son cosas concretas y, por tanto, definibles, ¡la inteligencia solo es el contenedor de las armas! ¿Cuántas y de qué condiciones? ¡Madre mía!

Está muy bien la capacidad de comprensión, de análisis... Pero, lamentablemente, quién sabe, estas capacidades no son suficientes para triunfar, para liderar. Para liderar, las más efectivas son otras. Y no precisamente las que consideramos, digamos, positivas. No se vayan a quién sabe dónde a buscar un ejemplo claro de esto, véase quien lidera esta, supuestamente nuestra, casa nacional.

Así que... No habiendo duda de quién es el rey, casi; omnipotente de este planeta, no hay duda de quien puede... depurar esta malsana monarquía terrenal: el mismo rey, el hombre. ¿Cómo?

La respuesta, al menos a mí, me parece fácil, en principio. Puesto que el hombre descarriado, descartado, por razones obvias, ha de ser gobernado por sí mismo; pues eso, simplemente, elegir a los “buenos” para gobernantes, ¡la mamá de todos los corderos!

Pero como ya cansé de escribir y nadie le va a parar bolas a lo que escribo, para qué seguir. Que la humanidad siga como le dé su gana, que en España siga gobernando Sánchez y que el personal se joda lo que quiera joderse. La pena, la de siempre, que paguemos justos por pecadores.

Chao.

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