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La contadora de películas

6 de Noviembre del 2023 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

El Festival de Cine de Valladolid (Seminci) en su 68.ª edición, abrió el certamen con la película “La contadora de películas”, una coproducción hispano-chilena, cuyo título por sí mismo resulta cautivador para los amantes del cine. No me defraudó, todo lo contrario, me atrapó desde el minuto uno y produjo el efecto inesperado de trasladarme a mi infancia, a mis veranos en la ciudad de Manta (Ecuador) de los años 60. Mismos años en los que la historia de la “La contadora de películas” se desarrolla en el norte de Chile, uno de los focos donde la conciencia social de los trabajadores chilenos empieza a despertar y atisba el triunfo del Frente Popular que llevaría a Salvador Allende a la Presidencia de la República. Esto último solo actúa como telón de fondo de la entrañable y emotiva historia que se nos cuenta a lo largo 120 minutos.

La coproducción hispano-chilena está ambientada en el desierto de Atacama, lugar mágico por excelencia, dirigida por la danesa Lone Scherfig, con guion de Isabel Coixet y basada en la novela del escritor chileno Hernán Rivera, del mismo nombre, que describe el drama de los trabajadores de las minas de salitre en aquel mágico escenario del norte de Chile, a la vez que nos cuenta la historia del cine de aquel lugar.

Los domingos son los días más deseados y esperados por todos los habitantes/colonos del pueblo porque es el día en el que todas las familias se engalanan para ir al cine del pueblo. No ven una película, la viven intensamente porque es la única manera de “escapar” del tedio cotidiano, como Ana Torrent en “El espíritu de la colmena”. La familia del “pater-familias” (Antonio de la Torre) compuesta por su mujer y cuatro hijos disfrutan de manera increíble los domingos de cine y son capaces de dramatizar en casa escenas de las mismas. La que mejor lo hace es la niña, poseedora de una habilidad especial para dramatizar cualquier película que se le ponga por delante, incluso de inventarse.

Un desgraciado accidente en la mina deja al padre postrado en silla de ruedas. La carencia de ingresos económicos en la familia agudiza el ingenio y la portentosa habilidad de la niña para contar películas hace que la gente del pueblo acuda a las sesiones que organizan los hermanos de la niña, con ello consiguen sobrevivir, hasta que la llegada de la televisión termina por acabar con el cine del pueblo y con la contadora de películas. Mientras, el golpe de Estado de Pinochet termina, a su vez, con las ilusiones de un pueblo a sangre y fuego.

El cine dentro del cine es, sin duda, un recurso siempre agradecido por las connotaciones que tiene de homenaje a las salas de cine hoy desaparecidas o en trance de desaparecer, especialmente en los pueblos, ciudades pequeñas y, en las grandes ciudades, sustituidas por las plataformas de pago bajo suscripción. Fue Giuseppe Tornatore, con su inolvidable “Cinema Paradiso”, quien inauguró esta magnífica forma de homenajear al cine y su historia. En “La contadora de películas” se pone en valor títulos tan apreciados por los amantes del cine como “El apartamento”, “Con faldas y a lo loco”, “Senderos de gloria”, “Espartaco”...

Decía que la película ha tenido el efecto de trasladarme a mi infancia, porque en aquella pequeña ciudad costera de Ecuador disfrutaba del cine al aire libre, encaramado a un antiguo faro (por entonces ya en desuso) desde donde podía disfrutar de las pelis sin pagar entrada. De vuelta a casa y frente al espejo me transformaba en Chaplin, Cantinflas, Burt Lancaster, John Wayne, Humphrey Bogart... y hasta del mismísimo (quien lo diría) Clark Gable (¡!)... ¡la magia del cine!

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