Un piano enmudece en el paseo de Begoña
(A Flor Rodríguez Riego)
Recuerdos de tiempos pasados. Añoranzas de momentos vividos en plena juventud. Nos deja Flor, mi querida y “grande” Flor, compañera de estudio en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, alumna brillante y predilecta del maestro Andrade de Silva. Compartimos clases y conciertos, tanto en Madrid como en nuestro querido Gijón. Es muy difícil aceptar la pérdida de alguien que ha significado tanto, más si su sabiduría y autenticidad han hecho de la amistad y el afecto compartidos una digna experiencia de vida. Por profundas y auténticas que sean las palabras, nunca alcanzan a expresar el sentir de una pérdida. Solo el silencio y la música están a la altura de tamaño dolor.
El sentimiento con que escribo estas líneas está en el recuerdo del espíritu genial de nuestra queridísima Flor, sabiendo lo que este espíritu significa para toda la familia musical. Amó apasionadamente la música, ningún otro arte estuvo tan cerca de su corazón.
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