A raíz de la noche de los cristales rotos
La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 fue una noche terrible en Alemania y en la recién anexionada Austria. Esa noche tuvieron lugar desmesuradas acciones violentas de militantes nazis y paramilitares contra los judíos, tanto contra personas como contra sus bienes. Esa noche marcó el inicio de lo que acabaría en el terrible Holocausto. Debido al estruendo de los escaparates de los comercios y viviendas judíos, se la denominó “la noche de los cristales rotos”. En los días siguientes miles de judíos fueron arrestados a pesar de haber sido ellos los que sufrieron la violencia de los nazis.
Estos hechos se produjeron, en gran parte, alimentados por la propaganda desplegada por el ministro nazi Joseph Goebbels. Si bien la noche de los cristales rotos se justificó inicialmente por el asesinato de Ernst vom Rath, secretario de la Embajada alemana en París, por un judío polaco de origen alemán el 7 de noviembre de 1938. En los días siguientes a la terrible noche, la propaganda nazi divulgó que los disturbios habían sido organizados y realizados por los judíos. Hubo, por tanto, primero una reacción desmesurada ante un asesinato de una persona y, posteriormente, una noticia falsa para que el pueblo alemán aumentara su odio a los judíos. Es curioso y tremendo lo que dijeron sobre la “noche de los cristales rotos” los diarios franquistas de entonces. Como ejemplo, el diario “El Progreso de Galicia” decía: “El judaísmo ha logrado acabar con la paciencia del pueblo alemán siendo ya hora de que se den cuenta de cómo sabe reaccionar ante tales ataques”.
Si proyectamos la forma de propaganda de “la noche de los cristales rotos” sobre los hechos acontecidos en Gaza, no podemos evitar ver un paralelismo evidente. El racismo, antes contra los judíos, ahora contra los palestinos, las reacciones desmesuradas, la desinformación permanente y las noticias falsas son muy similares en los dos acontecimientos. Unos defendían la pureza de la raza aria y los actuales ultraderechistas gobernantes en Israel utilizan con frecuencia la cualidad de “pueblo elegido” del pueblo judío.
Esta forma de utilizar información falsa y desinformación como argumentario político se ha extendido últimamente de forma muy peligrosa por la ultraderecha a nivel mundial. El trumpismo, el bolsonarismo o, a salvando distancias, Vox en España utilizan los mismos sistemas que recuerdan al estilo propagandístico de Goebbels. En el caso de Vox se utiliza el racismo injustificado (los emigrantes) de forma totalmente falsa dándole una dimensión y una importancia económica y social absurda para cualquier analista político o económico serio, se divulgan noticias falsas sobre el medio ambiente o los derechos de la mujer, todo sin argumentos razonables, con un único argumentario simplón de populismo desmesurado. Las recientes manifestaciones anti-amnistía, con llamamientos a la rebeldía de la Policía, insulto a la Constitución e incitación al odio, incluso insinuando que los que causan los disturbios son infiltrados del PSOE (las víctimas los causantes como en el caso de la propaganda de “la noche de los cristales rotos”).
El PP no rechaza claramente estos argumentarios de Vox e incluso apoya y divulga alguno de ellos. Por ello, es más necesario que nunca que aflore una derecha moderada, que no sea turbia y cómplice con esta forma de comunicar. Es necesario una derecha civilizada que se desvincule de personajes como Aznar con sus llamadas a enfrentamiento continuo. Una derecha que se desvincule de los sistemas propagandísticos incendiarios de Aguirre o Ayuso. Una derecha que deje de intentar controlar, por los medios que sea, el Poder Judicial. Una derecha que haga propuestas para el bien de los españoles y no haga de la descalificación permanente su principal activo electoralista. Todos estamos esperando a ese PP civilizado, confiemos en que aparezca lo más pronto posible.
Y a nivel mundial y para el bien de la humanidad, confiemos que todos, judíos y extrema derecha, abandonen los sistemas propagandísticos de la “noche de los cristales rotos” en lugar de copiarlos y practicarlos.
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