¡Qué hipócritas somos!
España vive un momento de tensión política y social, donde la hipocresía parece ser la norma de muchos ciudadanos y dirigentes.
Hoy en día, las plazas son un corral para batallas. Las ciudades se llenan de trapos rojo amarillo y escuchas consignas y cánticos mirando al sol. Esto me recuerda a lo que viví en una escuela de un pueblo apartado del occidente de Asturias hace sesenta y cinco años. Allí también cantábamos mirando el retrato del Cristo crucificado entre los retratos de los dos ladrones.
Hoy en día, después de casi cincuenta años de una Constitución que nos dimos todos los que vivimos en este país, olvidando crímenes y faltas muy graves, ponemos el grito en el cielo y vamos como ovejas detrás de un pastor que nos inflama y clama contra el perdón. A lo largo de esos años, con distintos gobiernos, se han indultado delitos, no solo políticos, sino también económicos.
Hoy en día, compartimos en las redes los insultos más zafios, las mayores tonterías, las comparaciones con animales, que si pudieran hasta esos mismos animales se sonrojarían.
Hoy en día, pedimos cerrar las puertas de España a todo aquel que venga en patera, pero las abrimos al que venga bien vestido en un avión. Eso sí, cuando nuestros padres necesiten un cuidador, buscaremos donde sea y no nos importará que no sea español “español” y que no tenga papeles. Diremos: ¡Pobre, qué pena me da!
Hoy en día, cuando el ganador de unas elecciones hace tres meses no pudo formar gobierno, pedimos nuevas elecciones y tachamos de dictador a un presidente elegido en el Parlamento por mayoría absoluta.
Hoy en día, algunos dirigentes llaman a levantarse en armas contra la ruptura de España y contra las cesiones y no se dan cuenta, o igual sí, que muchas de esas cesiones están contempladas en los estatutos de autonomía y no cumplidas. Eso sí, si ellos gobernasen, como ya sucedió, serían totalmente constitucionales las cesiones o traspasos.
Por lo tanto, me pregunto: ¿No hemos aprendido nada en estos casi cincuenta años de democracia?
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