Desplazados pero no olvidados
Juan sabía que estaba llegando su fin, y quiso hablar conmigo sobre la vida y la muerte.
Era uno más de los desplazados que perdieron su batalla en la vida. Por un tiempo luchó bien, con fe, con entusiasmo, y con aquel sentido del humor salpicado de ironía que le caracterizaba. Con el paso del tiempo, la depresión que llevaba anclada en el ADN resurgió hasta el punto de que no soportaba estar vivo y se tiró delante de un camión, pero... no murió del todo, quedó un resto que más tarde un ictus recortaría, iniciando así un declive irreversible.
Desde la soledad, sin deseo por la vida, quedó suspendido en un espacio vacío al que yo intentaba asomarme con un poco de amor, es decir: con mucha paciencia. En nuestra última conversación me preguntó: “¿Volveremos a vernos?”. “Depende de a donde quieres ir a parar, al cielo, al infierno, al purgatorio, a la Tierra...”. “Pues... al cielo”. “¿Cuál de los cielos?, el apóstol Pablo habla a los Corintios de un tercer cielo”. “Yo qué me sé, al que Dios me envíe”. “¿Y qué harás allí, flotar entre las criaturas espirituales que existen desde hace millones de años?. Ten en cuenta que allí no tendrás una mujer a la que abrazar, ni un perro con el que jugar, ni un vaso de vino, ni un balón de fútbol”. ¿Entonces... tú dónde estarás?”. “Dios hizo a sus hijos humanos para vivir en la Tierra, para vivir, no para morir, pero eso sí, vivir en paz, con amor y respeto, con sabiduría no artificial, con alegría, y la satisfacción de hacer cosas para uno mismo y para los demás”.
Ya sabes, Adán perdió la perfección, porque comenzó a morir el día que decidió por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Para que quedara probado si eso es posible, Dios lo echó del Edén, donde estaba el árbol de la vida, y ya hemos visto si es verdad que el ser humano, o cualquier ser, puede darse la vida a sí mismo. Con la actitud de esta humanidad, ni se podría vivir en el cielo, ni hay futuro en la Tierra. Así que, hagamos las paces con el Creador. Reconozcamos que el Diseñador es el que sabe cómo funciona su diseño, y pidamos juntos: Padre nuestro, Venga a nosotros tu gobierno, y hágase tu voluntad en la Tierra (Apocalipsis 21:3,4).
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

