Amnistía y lawfare o mentir
Tras publicarse el acuerdo con las palabras amnistía y lawfare, los directivos de varias asociaciones de juristas emitieron comunicados de rechazo a la velocidad del rayo y sin siquiera esperar al proyecto de ley que sabían que se presentaría antes de la investidura, a pesar de lo lenta que casi siempre es la Justicia que ellos mismos administran. Solo faltaría que por dedicar tiempo a redactar contra el Gobierno hubieran retrasado las redacciones de autos y sentencias. Tampoco han pedido la opinión a todos sus asociados, aunque se trate de hechos nuevos que ni podían sospechar cuando fueron elegidos. Y, por supuesto, no les ha importado seguir las consignas de Aznar, el mismo que en 2004 mintió de una manera tan cruel que ni el peor Sánchez que podamos imaginar sería capaz de imitarlo.
No hay regla sin excepción y el presidente de la Unión Progresista de Fiscales ha dicho que “nuestra obligación es cumplir las leyes, se llamen de amnistía o de lo que sea”, y ha tachado de “aberrante” la resolución de un CGPJ caducado desde hace un lustro.
Por su parte, Javier Pérez Royo y Jordi Nieva, catedráticos de Constitucional y Procesal, respectivamente, piensan que la lawfare existe, pero que no debería haber figurado en el texto para no provocar. Su propuesta me ha recordado esos momentos de nuestras vidas privadas en los que sentimos la tentación de ocultar la verdad porque, de conocerse, saldrían a la luz errores o maldades que cometimos en el pasado.
Para seguir en la Moncloa con dignidad Sánchez solo podía ir con la verdad por delante, pues era condición de los votos que necesitaba. La única alternativa que se me ocurre hubiera sido incluir amnistía y lawfare en un documento secreto firmado por él pero que quedaría en poder de Junts, lo que se habría convertido en una espada de Damocles durante toda la legislatura.
Convencido u obligado, para este conflicto Sánchez ha elegido descartar la mentira y, a partir de ese momento, una escasísima minoría de los habitantes de España se está manifestando cada día haciendo mucho ruido y a veces con violencia.
Quizá no se dan cuenta de que lo que parece es que no soportan la verdad y la transparencia en un debate de investidura.
Allá ellos si, coherentes con lo que demuestran en público, llevan toda la vida mintiendo a los suyos en privado.
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