¡Mamma mía, este tío es un fenómeno!
Es evidente que el lamentable estado de la derecha es preocupante (los de Vox me parecen retrógrados e intolerantes), y el penoso estado de la izquierda actual no me incumbe, porque es bueno que la izquierda (la actual) esté en un estado penoso (los podemitas me parecen turbios y abrasivos).
Lo que no es nada inteligente es que la lamentable derecha, con sus manías y complejos tradicionales, sea incapaz de explotar en su beneficio el penoso estado de la izquierda actual. Sánchez lo tiene más claro: “Ende gut, alles gut”, que diría un hitleriano pragmático.
Por eso el Presidente, todavía en funciones, ha anunciado eufórico, a la vez que magnánimo: “En nombre del interés de España y la concordia vamos a conceder la amnistía”.
Ahora, una vez que ha renovado su condición de presidente, todos los discursos al respecto son inútiles porque, con todas las barrabasadas que se le imputan, es un hecho incuestionable e irreversible, que tiene amarrada la amnistía, la investidura y la Presidencia. Lo demás es hablar por hablar.
Particularmente me molesta el método empleado para llegar a este punto, reflejado en el uso de los tres tipos de mentira o clases de mentira política a los que se refiere Jonathan Swift en un opúsculo que se le atribuye, titulado “El arte de la mentira política”, y que parece que el Presidente se ha leído y mimetizado de principio a fin:
1) La mentira calumniosa o difamatoria, que tiene por finalidad arrebatar la reputación del adversario.
2) La mentira por aumento, que agranda las virtudes del amigo y los defectos del enemigo.
3) La mentira por traslación, que transfiere los méritos o deméritos del acreedor a otra persona.
El “artista” experto en este arte combina los tres ingredientes para producir mentiras políticas de naturaleza mixta con triple utilidad: el lucro personal, la defensa del partido y la consumación de una venganza. Ahí tenemos a Sánchez.
Añádale un discurso desafiante, agresivo, faltón, frentista y arbitrario que sin duda se volverá contra él mismo en algún momento, pero que, obviamente, para entonces... que le quiten lo bailao.
Voltaire dijo que “la política es el arte de mentir a propósito”, y Sánchez lleva a término la consigna con indudable eficacia, para desesperación de propios (González, Guerra...), y extraños (Abascal, Feijóo...).
Los que todavía nos mantenemos a salvo de este “virus” lo hacemos gracias a que nos hemos inmunizado con el mensaje definitivo de Ortega y Gasset, que leemos en su libro “La rebelión de las masas”, donde dice:
“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral”.
Renunciamos entonces a ser hemipléjicos morales, renunciamos a ser de izquierdas o de derechas y renunciamos a ser imbéciles, para dejar que sean los representantes que hemos elegido quienes hagan su trabajo y defiendan el Estado de derecho que nos hemos dado, nuestro país, nuestra Constitución, nuestras instituciones, nuestra lengua y nuestro patrimonio.
Entre tanto, demos un abrazo de bienvenida a nuestros maltratados y repudiados compatriotas y compartamos con ellos su exitosa vuelta a casa a la que nunca debieron abandonar y de la que nunca debieron huir.
En cuanto a Sánchez, se rumorea que cualquier ciudadano que se lo encuentre en persona antes de la Navidad tendrá que pasar por un exorcismo completo poco después. Téngalo en cuenta.
Saludos cordiales.
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