¡No aprendemos nunca!
Triste momento el que estamos viviendo los españoles, volviendo a levantar muros y a cavar zanjas del odio y separación entre hermanos. La segunda República acabó tristemente el 1 de abril de 1939, y, tras unos años de posguerra y calamidades de todo tipo, vividos en plan, "sálvese quién pueda", soportamos en total los cuarenta años de la dictadura de quienes ganaron la guerra. Las guerras civiles son -en mi opinión- infinitamente peores que las internacionales, en estas últimas cuando acaban, el enemigo se va a su país y deja de incordiar; por el contrario, en las guerras civiles, el enemigo se queda en el país y uno puede encontrárselo cada mañana en la cola del panadero o a la vuelta de la esquina yendo a cualquier sitio.
Tras cuarenta años del final de aquella nefasta guerra entre hermanos, y, fallecido el dictador, algunos españoles demostrando más inteligencia que atributos sexuales, decidieron que ya era hora de pasar página y, por el bien de todos, ponerse a construir una nueva España sin prejuicios ni rencores, basada, a mi entender, en el "vive y deja vivir". Quienes habían gozado de los privilegios de los vencedores de la guerra bajaron el listón de su preponderancia, y, quienes la habían perdido y se habían exiliado durante tantos años también supieron ponerse a la altura del momento, y, tragando el sapo de la nueva situación, aceptaron las normas y exigencias que la nueva situación imponía. Se redactó una nueva Constitución, se aceptó la Monarquía parlamentaria como forma de Estado, y, así vivimos en paz y progreso más de cuarenta años, hasta que llegaron a la política una nueva generación de hombres y mujeres que lo encontraron todo hecho y, nada saben del hambre y las calamidades que pasamos entonces quienes somos sus abuelos, y, de buenas a primeras, empezaron a resucitar a las "nefastas dos Españas" de tan triste recuerdo, poniéndonos hoy de nuevo en la situación de mirar para otro lado cuando nos encontramos cara a cara con nuestros vecinos, familiares, o conocidos, que no piensan como nosotros. ¡No aprendemos nunca!
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