Entre el Hierro y Menorca moramos las cuatro Españas
Cuando en los setenta poníamos el "parte" en la radio escuchábamos a diario las noticias de la guerra en Oriente Medio y durante mucho tiempo fueron la música de fondo de comidas y cenas. EE UU a través de sus gobiernos armaba a Israel, gracias a lo cual la guerra duraba cosechas y cosechas. En aquellos momentos se creía que el mundo de los árabes de allí no era trigo limpio, por eso aquí no dolía mucho que los israelíes los mataran. Además, las armas venían de los americanos, ese pueblo que nos había "salvado" en la postguerra. Pero aún estábamos sometidos al aparato engrasado del dictador, así que nuestra ignorancia se justificaba en alguna medida.
Después vino la caída del muro, y, claro, si lo soviético se desmoronaba se entendía que lo de USA era bueno. El tiempo siguió transcurriendo, las tropas norteamericanas invadieron Irak y con ello apareció la vergüenza masiva de las armas que no lo eran. Para muchos no fue un despropósito USA; solo sus republicanos estaban errados. Pero se han continuado sucediendo las décadas y su armado brazo del este incumple sistemáticamente decenas de resoluciones de la ONU dirigidas a él.
Ahora, entre el Hierro y Menorca moramos las cuatro Españas: la de quienes están convencidos de que el yanqui apoya a Israel porque tiene derecho a defenderse sin reparar en cómo lo hace; la España que prefiere no más asesinatos porque ya fue suficiente el escarmiento; la de quienes condenamos el primer ataque impío, cobarde y planeado del Gobierno del Estado israelí, y la de quienes están inmersos y embargados en difíciles situaciones laborales, personales o familiares y no les da la vida para amnistías y palestinos. A todas ellas nos afectó el dolor de las víctimas del atentado en Israel días antes de la Hispanidad.
¿De verdad creemos que, después de tantas semanas de violencia extrema en Oriente Medio, desde el mayor artífice de esta barbaridad puede llegar algo realmente bueno a nuestras queridas Españas? ¿La tecnología de Silicon Valley..., que ya pocos valoran ciegamente?
¿Y si aceptamos la realidad de que lo grande, lo que ha de sorprendernos y conmovernos ya está presente aquí, entre La Coruña y el Hierro? Porque en realidad se encuentra en los corazones de las personas conservadoras -adineradas y modestas- a quienes la vida hizo así; en los de quienes, a pesar de todo, soñamos con un mundo más bonito para más personas; en los -quizás infantiles- corazones de quienes, hartos de tanta discusión entre la izquierda y la derecha, grandes desconocidas para ellos, anhelan un mundo de Pi con un gran partido de centro. Y, cómo no, en la convicción y el sentir de que sobre las manos tendidas y entrelazadas de todos estos corazones podemos construir un mejor país en el que todas y todos quepamos y vivamos con orgullo; comamos, desarrollemos nuestra sensibilidad humana y sigamos mejorando a nuestro Estado del bienestar.
¿Radicalización política actual? ¿Y si lo que llamamos polarización consiste nada más que en las intelectualoides y burdas formas -masculina una y femenina otra- en que tendemos a expresarnos cuando sentimos profundos malestares de esos que nos producen miedo e incertidumbre?
Eso sí, a ver si la derecha aúpa al liderazgo a políticos con mayor integridad moral y capacidad de visión que los actuales en ejercicio dentro de nuestro país; de esta forma -además-, las izquierdas no tendrán que hacer virguerías y amnistías con la nariz tapada para que aquellas no tomen un bastón de mando para el que muchos creemos que hoy por hoy no están preparadas. Y es que -encima- muy probablemente solo una derecha íntegra y fuerte puede disolver adecuadamente a lo que llamamos los planteamientos del feminismo radical.
Quienes en este momento asumen las responsabilidades de mando en los partidos del azul, amarillo y rojo dignos son de respeto. Mas hubiese sido injusto y nefasto que los asaltantes de las calles de las rosas rojas hubieran alcanzado posiciones de verdadero poder en el ámbito de la nación.
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