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Puigdemont y las armas de destrucción masiva

25 de Noviembre del 2023 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

Todos sabemos que una buena novela negra se construye con varios ingredientes, entre los cuales nunca falta el cadáver, una buena dosis de intriga, la pistola humeante y unos protagonistas que casi nunca son lo que parecen. Si a ello se le añade una buena dosis de bajos fondos procedentes de las esferas del poder, el escritor siempre estará más cerca del éxito literario... Pero es ficción.

Lo del juez García Castellón, desgraciadamente no es ficción, ni siquiera un despiste judicial, ni un servidor público que se extralimite en el cumplimiento de su deber. Es llana y sencillamente un fiel servidor de PP/Vox cumpliendo el cometido para el que fue traído desde su destino dorado (Roma) a la Audiencia Nacional para blanquear y esconder las corruptelas que ahogaban al PP cuando este gobernaba (caso Kitchen, Púnica, Bárcenas...) y librar de responsabilidades penales a miembros destacados de los gobiernos del PP (Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes...).

Pero el reto o premio más grande que le cayó en “suertes” ha sido la pieza separada proveniente del juicio (político) que llevó a la cárcel a los responsables del 1 de octubre de 2017, el “procés”, para declarar la independencia de Catalunya. Dicha pieza separada que pretende demostrar que el llamado “Tsunami democratic” fue diseñado para dar el “golpe de Estado” a través de la violencia con actos terroristas a través de los CDR y que su responsable intelectual y organizador era Carles Puigdemont.

Como juez instructor, García Castellón tenía que demostrar que aquellos actos fueron actos terroristas. El 30 de octubre de 2019, abrió la causa judicial, hace 4 años y ahí invernó a la espera de evidencias e informes que pudieran ayudarle a elevar la causa al Tribunal Supremo, porque con lo que tenía en ese momento no había caso.

Y aquí es donde el juez García Castellón actúa como un personaje más de una novela negra y, por arte de “birlibirloque”, decide reabrir el expediente que dormía el sueño de los justos en su cajón. ¿Razones? El Gobierno negociaba con Puigdemont, su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez, tras el fracaso de Núñez Feijóo, con la amnistía como pieza fundamental de las negociaciones. Había que parar la investidura o al menos la ley de amnistía. ¿Cómo? Imputando a Puigdemont como cabecilla de “Tsunami democratic” y responsable máximo no solo de los disturbios producidos en las calles de Barcelona y del aeropuerto del Prat, sino calificando los mismos actos de terrorismo.

En la causa abierta que cada vez va perdiendo la intriga propia de la novela negra y adentrándose en el género del cómic negro, señala que el “arma humeante” son tirachinas, piedras, pirotecnia, trozos de madera, palés... ¡! (es una lástima porque habría quedado mejor el calificativo de “armas de destrucción masiva”), usados durante los disturbios. Ahora solo faltaba el cadáver... y ¡Oh, sorpresa! lo encontró. El cadáver, la víctima de los “actos terroristas”, era un pacífico ciudadano francés que pasaba por allí, rumbo al aeropuerto para coger su avión que lo llevaría a su destino, había muerto de un infarto. En el informe de la Guardia Civil unido a la causa en ningún momento señala que dicha muerte estuviera vinculada con las protestas. Es más, los últimos informes de los médicos que le atendieron y tras la autopsia correspondiente determinaron que el ciudadano francés sufría una cardiopatía crónica, causa de su muerte. Pero en la delirante estrategia del juez, la relación sí existe y el ciudadano francés es una víctima de los actos terroristas.

Un mes antes de retomar el caso, este personaje (al que ya no llamo juez, por respeto a la justicia) declaró en una conferencia en Ourense: “La esclavitud tampoco está prohibida en la Constitución, y sin embargo no es posible”, como respuesta a un periodista sobre la ley de amnistía. Solo esta declaración ya es suficiente para apartarlo de la causa por su animadversión, rechazo e interés por influir en las negociaciones del Gobierno con Junts. El CGPJ nada ha dicho al respecto ni, por supuesto, por los amables y “neutrales” calificativos de otro juez dirigidos a Pedro Sánchez, “psicópata sin límites éticos”.

Estos son algunos de los mimbres con los que el PP/Vox acude al Parlamento Europeo a denunciar que “Perrosánchez” se está cargando la separación de poderes y la democracia... para mear y no echar gota.

En Sueca (Valencia), todos los años (ya van 10) celebran el “Festival Internacional de cine de mierda”. Se proyectan películas malas (cuanto más malas mejor). El festival tiene a gala proyectar las pelis más “casposas e imbéciles del mundo”. Seguro que pronto alguien estará ideando hacer “Puigdemont y las armas de destrucción masiva”.

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