Invasión extraterrestre
La mejor manera de acabar con el regionalismo es un enemigo común, un invasor externo.
Lo dijo Ronald Reagan en 1987 ante las Naciones Unidas: “De vez en cuando pienso en lo rápido que se desvanecerían nuestras diferencias en todo el mundo si nos enfrentáramos a una amenaza alienígena de fuera de este mundo”.
Particularmente había pensado en una plaga de microbios, pero lo microbios son, normalmente, buena gente. No solo eso, también nos hacen la vida más placentera gracias a la cerveza, el vino, los quesos, etcétera. E incluso nos curan, porque son los principales “productores” de medicamentos. Descartados.
Una invasión más inquietante nos llevaría a creer a Ron James, destacado investigador del fenómeno ovni, cuando dijo que “los comandantes del Pentágono que leían la Biblia detuvieron la ‘investigación ovni’ por temor a que los extraterrestres fueran demonios que venían del infierno”.
Reconozcamos en última instancia a los extraterrestres, y pongámosles la etiqueta de invasores.
Tenga en cuenta que los extraterrestres nunca son muy extraterrestres. Puede que tengan ojos raros, cierto, pero al menos tienen ojos. Si fueran completamente diferentes a nosotros, sería difícil saber cómo podríamos ser conscientes de ello, para actuar en consecuencia.
Por si le sirve de referencia, los extraterrestres pueden ser pequeños, verdosos y apestar a azufre, pero por lo demás se parecen mucho a mi vecino del quinto y, más concretamente, guardan un parecido notable con el vendedor de prensa de mi calle.
De hecho, hay personas para quienes los extraterrestres, que aterrizan ocasionalmente en la Tierra, son el único tipo aceptable de inmigrantes, dado que presumiblemente no tienen la intención de quitarnos nuestros trabajos, nuestras casas, nuestros coches, nuestros ambulatorios y hasta nuestras mascotas... pero, ojo, son invasores, y como vienen de otra galaxia, se les supone una inteligencia superior.
Prueba evidente de que son muy inteligentes es que, con el desmadre que tenemos en Moncloa, nadie de otros lugares del universo, hoy por hoy, ha querido ponerse en contacto con nosotros.
Ello no es óbice para que los ovnis sean totalmente reales, siempre que uses el término en el sentido correcto: objeto volador no identificado (globos espía, drones, misiles guiados, Falcon...).
De hecho, la población ya está siendo controlada y explotada por esos “otros” extraterrestres que trabajan en asociación con las élites oligárquicas y mecen las cunas de nuestras vidas.
Yo mismo he visto tres, todos los cuales no estaban identificados hasta que los identifiqué, en dos casos con la ayuda de unos prismáticos, después de lo cual dejaron de ser ovnis.
Definitivamente, hemos podido comprobar que, desde que se inventaron las cámaras de los teléfonos móviles, los fenómenos ovni desaparecieron (para fastidio de Iker Jiménez), pero otra vez están de vuelta y es previsible que el desplazamiento horario de actividades (cambio horario) tenga un efecto catastrófico sobre las fluctuaciones de calor (cambio climático) y, una vez “olvidada” la pandemia vírica, consideren que es el momento óptimo para la invasión.
¿Cuándo diablos finalmente traerán a los extraterrestres? ¡Quiero a los extraterrestres de Venus! O mejor aún, a los pequeños, verdes, viscosos y desagradables hombrecillos verdes del planeta Marte!
¡Ostras, ocho de la mañana y siete grados! Desde que hay calentamiento global hace un frío que te cagas.
Saludos cordiales.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

