Semana laboral de cuatro días
¡Peligro! “La Máquina” (robots más IA) permite aumentar los niveles de producción: no solo por su habilidad productiva, sino porque no tiene necesidad de descanso. Así que, si un país tiene muy implantada en su industria “La Máquina”, podría permitirse el lujo de reducir su semana laboral. Ahora bien, “La Máquina” nunca debería actuar sin supervisión humana y mucho menos en el sector servicios. Por otra parte, el sector agroalimentario (básico y necesario) emplea una semana laboral que tiende a ser de siete días (con el domingo a media marcha) ya que “La Máquina” es poco empleada en él al ser una inversión irrealizable para la mayoría de sus emprendedores; además, plantas y ganado requieren atención constante todos los días. Quizá por eso existe una huida creciente de ese sector esclavizante con poca retribución (frecuentemente con mano de obra emigrante); y es que, a pesar de ser el sector que nos provee de alimentos frescos cercanos y nos facilita la existencia, nosotros no le facilitemos la suya. “La Máquina” es costosa y debe renovarse frecuentemente para poder ser competitivos con ella; así que exige trabajar todos los días para bajar costes y aumentar ventas teniendo turnos de personal altamente cualificado. Estos razonamientos hacen que hablar de reducir la semana laboral para que la gente tenga más tiempo libre es tanto como obligar a las empresas a invertir en “La Máquina” para supervisarla constantemente reestructurando su personal por turnos y eliminando al no cualificado. “La Máquina” exigirá la ampliación de mercados o de lo contrario no habría futuro. O sea: inversiones con altos riesgos. Ahora mismo sin ella ni restaurando con el precariado la esclavitud se podría llegar a ser competitivo. Reducir la semana laboral puede ser un incentivo para que las empresas inviertan en “La Máquina”: aumentando producción y riqueza si logran vender el incremento productivo y amortizar la inversión, o de lo contrario directamente se las obliga a cerrar o ser vendidas a otros más valientes, pasando los propietarios actuales al grupo de los que sí tendrían mucho tiempo libre. Muchos de los que tengan más tiempo libre lo aprovecharán para hacer algo productivo si tienen para sobrevivir, o sino algo cultural mendigando en la calle mientras “La Máquina” (de existir) satisfaría las necesidades materiales de otros. Temo que el país se convierta en un país malogrado: absolutamente dependiente, endeudado, sin generar empleos, y provocando la emigración de los más cualificados (con la natalidad emigrando también). ¿Les suena?
P. S.: Asturias, que brillaba en los sesenta, en los ochenta debería haber apostado por la alta producción automatizada, y, ahora, solo le queda apostar por la calidad artesanal agroalimentaria, la creatividad del diseño tecnológico “on line”, y la más alta formación que se pueda de los mejores para que tengan posibilidades fuera quedando aquí los pensionistas.
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