El campo asturiano
Yo lo veo incomprendido, poco apreciado e incluso olvidado. Hasta las canciones populares tan dadas a recordarlo en sus letras, hoy lo olvidan.
Allí trabajé hasta hace muy poco, y sé que poco se consigue en él sin esfuerzo duro y constante. Y poco vale si no va acompañado de sentido común, de unos conocimientos transmitidos de tus padres y que tienes que ir ampliando con la experiencia del trabajo diario, y aprendiendo de la infinidad de tareas de una explotación agrícola-ganadera.
Hoy no tiene punto de comparación con lo que hacíamos hace unos 70 años; en que una pequeña granja trabajada adecuadamente producía alimentos y unos ingresos en metálico que ya quisieran otras profesionales.
Voy a resumir el trabajo en el caserío de mis padres cuando yo era joven. Todo el año teníamos unos trabajos diarios; cuidar los animales, las primeras las vacas pues por su valor y producción eran el principal sustento de la casa. Estaban estabuladas y se alimentaban exclusivamente de forrajes, hierba verde y seca, raigrás o vallico, alfalfa, maíz forrajero, y de invierno algo de harina de maíz con rodajas de remolacha y nabos, todo ello cultivado en la explotación. Una de las normas fundamentales era rotar las fincas de cultivo con las de producción de forraje. El aumento de todas ellas en cantidad y calidad de producción es asombroso.
Desde octubre a mediados de abril algunos días salían a pastar a los prados que en verano se segaban para hierba seca, pero incluso esos días su principal alimentación se les administraba en la cuadra. Todos los días una o dos veces a beber a las fuentes muy cercanas, lo que unido a que eran la fuerza motriz de la granja el movimiento y ejercicio estaba asegurado.
En el riachuelo de no más de 5 kilómetros que discurre por el pueblo están las ruinas de once molinos. De otros dos no queda ni piedra; yo conocí cinco funcionando y el de mi casa fue el último en cerrar, en 1978, al morir mi padre. También necesitaba atención diaria. Todo el año, aunque no diaria el huerto donde se cultivaban hortalizas, verduras y legumbres.
En enero empezaba la limpieza de los prados, la popular lucha contra el monte. Plantación y poda de frutales exceptuando el nogal; este, poca y de pequeño, mejor en septiembre para evitar el peligroso sangrado. En invierno también la matanza del cerdo. Se me olvidaba el corral de gallinas y conejos, caballos de monte y algunas veces de cuadra y rebaño de ovejas, este no siempre.
A principio de marzo siembra de patatas. En mayo el maíz en grano y forrajero, que conlleva una serie de trabajos desde un buen abonado con estiércol, el mejor para cualquier cultivo y para la mejora de la tierra. Arar, gradear, sembrar y luego dos escardas o limpieza de malas hierbas.
Entre últimos de junio y primeros de agosto la siega, curado y recogida de la hierba para el invierno, y muy buena como parte del desayuno de vacas y caballerías.
En agosto saca y recogida de las patatas; en septiembre nueces, avellanas y se empieza con las judías sembradas con el maíz; en octubre las manzanas de mesa, las castañas muy buenas y abundantes entonces, el maíz para grano, muy bueno, sin posible comparación con el actual híbrido, y la miel. Ya en noviembre la recogida de manzana de sidra y su elaboración.
Durante todo el año en días un poco libres, acopio y troceado de leña para la cocina, única fuente energética para cocinar y calentar la casa en invierno, al igual que en castañedos y monte común limpieza de hierba y hojas para las camas de los animales. También anualmente se dedicaban algunos días para trabajos comunales de limpieza y arreglo de caminos.
Trabajamos mucho, los domingos y fiestas lo imprescindible. Como en todas las profesiones te tiene que gustar tu trabajo. Sí no te gusta, el trabajo es un castigo, y a mí me gustaba. Eres el dueño y tienes un día libre si así lo quieres para una excursión, una feria o una romería que hubiese a 10 kilómetros. A la redonda, que había muchas. Ves cómo tu trabajo mejora, tus campos que producen alimentos y bienestar para tu familia, tus animales y el resto de la comunidad. Las personas jóvenes pensarán que éramos unos esclavos, yo nunca lo sentí y, aunque con algún pequeño cambio, volvería a repetir mi vida, que en ocasiones tuve de cambiarla radicalmente.
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