La magia de una sala de cine
A raíz de la pandemia de covid-19 y del auge de las plataformas de streaming las salas de cine se quedaron más vacías que nunca. Yo misma llegué a estar más de dos años sin pisar una de ellas, principalmente porque me parecía muy poco natural tener que estar con media cara tapada y no poder disfrutar de una caja de palomitas.
Sin embargo, en el último año, he desarrollado una obsesión por ir al cine. El ritual que supone esta actividad, con el llegar con tiempo para adquirir las entradas y debatir en si coger palomitas saladas o palomitas dulces, hace de un día cualquiera un día diferente y lleno de ilusión, que saca a la luz al niño que llevamos dentro.
En una era de plataformas digitales, donde encontramos casi cualquier película con tan solo un mando o con nuestra propia mano, la experiencia de ir al cine se ha vuelto más especial que nunca.
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