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Escatología catalana

3 de Diciembre del 2023 - Javier Cortiñas González (Tarragona)

Aún perplejos, por no decir atónitos, nos sentimos después de llevar viviendo más de treinta años por tierras tarragoninas, cuando inexorablemente llega el último mes del año trayendo de la mano a sus entrañables fiestas comerciales, que ahora llaman de invierno, para eliminar o pretender eliminar toda connotación religiosa cristiana, por aquello de no lastimar a ciudadanos procedentes de otras culturas y religiones. Y es que la razón de las fiestas de Navidad ha sido y sigue siendo para una gran mayoría de españoles y europeos celebrar el nacimiento del hijo de Dios, Jesús, hecho hombre. Son los signos de los tiempos y del pensamiento político correcto que ordena, bajo sutil amenaza, de ser señalados como viejos, carcas o hasta fascistas, si viniera al caso, el opinar lo contrario. Y así, se han ido eliminando de manera gradual las tradicionales representaciones de belenes con más o menos figuras en escaparates, edificios públicos y comerciales, al mismo tiempo que se han ido sustituyendo de las iluminaciones de las calles los motivos de cruces, ángeles, campanas y estrellas por otros abstractos carentes de significado alguno.

Pero hay que reconocer que, pese a este lento y tenaz esfuerzo por terminar de borrar toda connotación religiosa cristiana, todavía es posible encontrar lo necesario, en los mercadillos de Navidad, para reproducir la escenificación del nacimiento del niño Jesús, en nuestras casas: corcho para simular rocas y cuevas, casitas, figuras de María, José, el Niño en la cuna, los Reyes Magos, la mula y el buey, el castillo de Herodes, pastores, lavanderas, ovejas, camellos, burros, leña, puentes, pozos, pastores y musgo.

Solo que, por estas tierras del noreste peninsular, aún españolas -con la esperanza de que siempre sigan siéndolo- tienen algunas peculiaridades propias un poco chocantes, por así decirlo, de su imaginario navideño. Porque la figura principal de todo Belén, Nacimiento o Pesebre, como aquí se denomina, no corresponde a ninguna de las figuras importantes del portal. No, no, aquí, la figura principal y en la que todo el mundo se fija, es la de un señor en cuclillas y con los pantalones bajados, haciendo sus necesidades en alguna esquina del Belén, junto a una casa, detrás de las ruedas de un carro, etc. Es el famoso "caganer" que figura con nombre propio y en lugar destacado del imaginario popular, fundamentalmente escatológico. Y no hay famoso en lo suyo, desde políticos, deportistas o artistas de toda índole que no esté caracterizado de esta guisa. Y es que aquí la actividad fisiológica del "descomer" tiene tanta o más importancia que la contraria. Desconozco si esta característica popular llegó a conocimiento del Sr. Freud, pero de haberla sabido, habría contribuido sin duda a alimentar aún más su ya desbordada imaginación.

Dentro de este fantástico mundo escatológico, existe otra figura protagonista que no puede faltar en los hogares tradicionales: un tronco o leño de madera, de los de quemar en la chimenea, al que han pintado una cara sonriente, le han añadido unas patas y adornado con barretina, el gorro catalán, y un trozo de saco que le cubre los lomos. Su papel importante consiste en ir cagando caramelos y chucherías durante la Nochebuena, después de recibir unas buenas tundas de palos de los niños. Tan singular personaje no podía tener otro nombre que "Cagatió" o "tió". Y así, tal como como solemos preguntar a los niños si esperan muchos regalos este año para Navidad o Reyes, aquí la frase similar rezaría: ¿qué, cagará mucho este año el "tió"?

Tengo que reconocer que cada vez que la oigo así o en formas similares, no puedo impedir que se me humedezcan los ojos ante tal expresión de ternura.

En fin, un personaje tan poco entrañable y espiritual en las antípodas de otros personajes navideños como los Reyes Magos o el gordo Santa Claus.

Es como si ambos representasen la contradicción chocante entre una visión excesivamente procaz, muy terrenal y más elemental de nuestra existencia, frente a la otra que, de alguna manera más ideal, pretende precisamente lo contrario, la de alejarnos, si quiera por unos momentos de la dura realidad.

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