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En las zonas rurales ya no hay vecindad

6 de Diciembre del 2023 - José Viñas García (Oviedo)

Antes la zona rural cercana a las ciudades tenía ese encanto de vecindad de los pueblos más alejados, donde cada vecino se relacionaba con el resto en armonía, apoyo, compañía, sintonía y colaboración; ahora no, esa zona rural de cada ciudad se convirtió en lugares dormitorio, nunca mejor dicho, se ocultan y esconden del resto. Una forma de vida individual y ajena a su entorno. No me extraña que los cacos se pongan las botas, esperan que se cierre el portón cuando se van los dueños, se meten dentro y nadie sabe y nadie los ve.

Se permitió parcelar con cierres altos y opacos, donde cada cual parece esconderse del vecino de al lado. Peor todavía es colocar redes opacas que destruyen el buen gusto del entorno. Un portón y pinos alrededor es todo lo que se ve desde el exterior. Dentro se escucha perros aburridos ladrando día y noche para “proteger” la cobardía de quien huye y se esconde de los demás.

En muchos países está prohibido este tipo de cierres, aquí nadie está dispuesto a parar esta degradación de convivencia vecinal. Antes solo se escondían en cercos así los cacos, los traficantes, y los narcos... Ahora copiamos nosotros esa perversión de la imagen del paisaje mismo.

Hace más de 45 años que llegué a Villamiana, un pueblo al lado de Oviedo; otros igual: Faro, Limanes, Pando... Tenían un atractivo por ser pueblos y ser ciudad al mismo tiempo al estar a pocos minutos del centro de Oviedo. Así podríamos enumerar todos y cada uno de los pueblos alrededor de cada urbe.

Con la pandemia se agravó todo, compraron parcelas los sibaritas criados en pisos, ya allí se percibía ese desapego y desarraigo vecinal, piso, ascensor, garaje, trabajo, ascensor, casa televisión y volver a empezar, nada de vecindad. No se saludaban ni cuando se encontraban de frente. Todos juntos, pero tan distantes; como luego hacen cuando van a lo rural, se encierran cada cual en su chalecito rodeado de pinos opacos para pasar desapercibidos. Los cacos, no ajenos a ello, lo vemos a diario, asaltan esas murallas y dentro hacen su agosto, no hay vecinos que los puedan ver. Además, el vecino no sabe si son cacos o los propios dueños, no sabrían diferenciarlos.

A esa convivencia caminamos, vamos camino del abismo de la individualidad sin remisión. Podrida sociedad vemos los que vivimos otra cosa diferente. Las nuevas generaciones serán más infelices con toda seguridad.

En esta vida venimos un tiempo corto a convivir con los demás, vivir aislado es despreciar la vida misma; es morir de supremacía infinita.

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