Ficción futurista, ficción realista
Lo que podría ser en una realidad inexistente. Lo que puede ser, basado en la realidad que es.
Sobre lo que podría ser, qué decir. Cualquier cosa que se dijera no pasaría de mera especulación.
Sobre lo que puede ser...
En la tele, fundamentalmente, me lo paso con pelis y series y, cuando no consigo, trato de pillar algo que me entretenga en Youtube.
Pelis y series futuristas puede que alguna, pero, en principio, no son mis favoritas. O sea que me reparto entre la ficción que se corresponde con un determinado ordenamiento de realidades (pelis y series) y las realidades manifiestas, acontecidas (Youtube).
Entre estas últimas, la que acabo de dejar antes de venirme aquí a escribir era un vídeo en el que la vicealcaldesa de Madrid, Inmaculada Sanz, les preguntaba a Reyes Maroto y Rita Maestre, “¿de verdad ustedes son capaces de sostenerle la mirada a las familias de sus compañeros asesinados por los herederos de los que ahora son sus socios? ¿De verdad son capaces de mirar de frente a los agentes de Vía Laietana que pusieron en peligro sus vidas y que quedaron gravemente heridos por los ataques de esos terroristas a los que ahora quieren amnistiar y privilegiar a costa del resto de españoles?”.
La cámara de TV buscaba entonces la respuesta en las caras de las susodichas y las caras de las susodichas mostraban entonces la sonrisa...
Coño, que busco y busco y no doy con el calificativo que quiero. Así que no me queda otra que aludir a lo que me hace revivir.
Cómo no. En la serie que estoy viendo. Cuando al asesino, que aberra el aberramiento con sus actos criminales, le relatan los crímenes de los que se le acusa, el tal sonríe con la sonrisa que se corresponde con lo que es. ¡Eso es lo que quiero decir! Lo que quería decir y no supe.
Esa es la sonrisa presidencial, coreada por la de sus secuaces, que los españoles obligan a tragarse a España. Porque, a estas alturas, no creo haya ninguna duda al respecto, borrarla de sus rostros solo en manos de los españoles está. La quimera del Rey, ya se ve, solo eso, una quimera.
A los reyes los pone Dios y, en cierto modo, pueden ser como Él, que es buenísimo y lo puede todo.
La vaina es que solo Él, o él, sabe cuál es el bien que hay en todo la basura que nos manda, o consiente que nos manden.
Al final, resulta que siempre vienen a quedar las dos Españas, con una que, al igual que la vicealcaldesa de Madrid, podría preguntarle a la otra, ¿de verdad me puedes sostener la mirada mientras me apuñalas?
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