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La fanfarria del revolcón no es una canción de amor

6 de Diciembre del 2023 - Ángel García Prieto (Oviedo)

El letrista de canción moderna –que tantas veces pasa desapercibido– en muchos casos no puede, ni debe, merecer la consideración de buen poeta; ni mucho menos. Porque en el mundo de la música actual hay en demasiados casos ripios, vulgaridades, tópicos, fanfarrias y mal gusto. Muchos textos musicales de cualquier género están llenos de poesía, con letras que conmueven, mensajes que valen la pena y traducen la sensibilidad artística y la notable capacidad de comunicación de sus autores. En todo caso, dichos textos traducen una realidad, responden a situaciones, sentimientos, valores o contravalores, deseos de la gente que compone la sociedad.

En estos últimos tiempos se oyen muchas canciones que, de un modo desenfadado o no tanto, contienen una explícita carga sexual demasiado naturalista. Probablemente el término piel esté presente en exceso y sustituya a las razones del corazón y de los sentimientos en el amor. Es una moda, que está en la calle. Los afiliados y partidarios del movimiento “no te contengas” exhiben su fogosidad en plazas, autobuses y en todas partes a cualquier hora y en las más diversas circunstancias. Las superficiales manifestaciones de una débil concepción del amor van invadiendo los guiones de cine, novelas, músicas y usos sociales. De modo que no es raro que las epidermis, jadeos y transpiraciones sustituyan lamentablemente los territorios del lenguaje y los gestos que, elegantemente matizados por el pudor, hacen del amor un romántico ámbito bello, deseable, atractivo y del todo humano, como debería ser, pero que tantas veces, lamentablemente, no lo son.

Muchas de esas letras musicales, párrafos narrativos, retazos de conversación vienen, además, diferenciando el cuerpo y la persona. Parece que quien desea sea mi cuerpo o tu cuerpo, no seamos tú ni yo. Es mi cuerpo o tu cuerpo los que aman, los que se estremecen, sueñan, los que llenan mi cabeza y tus sentimientos... El tú y el yo andan por otra parte, quién sabe si en la oficina, mirando el móvil, o comiendo un bocadillo. Ahora, con frecuencia, el amor es cuestión de los cuerpos, que ellos se entiendan; allá ellos, sus hormonas y sus ciclos. Yo a lo mío y tú a lo tuyo, que es lo que se lleva. De quererte, de amarme, nada... Para eso hace falta calor, vida, aliento, palpitaciones y ternura. De entenderte, darme, hacer proyectos mutuos, sacrificarme por ti, de casarnos, tener hijos... De eso, ni te lo digo, ni te lo cuento, ni me hables.

Esto de separar cuerpos y personas es una moda que confunde. Una terrible moda. Aunque se perfume muy bien, muy fashion, no deja de ser más que para cubrir el tufillo a muerte que lleva. Separar los cuerpos y los espíritus, desgajar las personas, es desgracia, quizá venganza. Incluso muerte. Unas cincuenta al año o más, según los telediarios. Y perdonen la brusquedad, pero la muerte, ya se sabe, nunca debería ser un plan previsto, ni siquiera previsible.

Hay algo que no va. No va, no. Dejémonos de bobadas. No va. No.

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