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Sobre el proyecto del hotel de lujo en el Puerto Deportivo de Gijón

7 de Diciembre del 2023 - José Luis Caso Machicado (Oviedo)

Aunque soy gijonés de nacimiento y de corazón, vivo en Oviedo por motivos de estudios y profesionales desde hace más de 50 años, y no sigo el día a día de Gijón, por lo que no me había enterado hasta hace muy poco del proyecto de construir un hotel de lujo en la antigua manzana de la Autoridad Portuaria, en pleno corazón del muelle de Gijón (hoy Puerto Deportivo). El muelle forma parte de mi vida desde la infancia, cuando iba con mis amigos de la escuela a pescar quisquillas en la dársena exterior, cuando todavía funcionaban la rula del pescado y su fábrica de hielo adjunta, cuando aún atracaba algún carguero de vez en cuando y permanecían las viejas grúas de vapor y sus rieles. Cuando incluso llegaba algún tren carbonero desde las entonces cercanas estaciones de Renfe y del Ferrocarril de Langreo. Hablo, claro está, de hace unos 60 años.

Como gijonés, no puedo oponerme a la creación de un hotel de lujo en ese viejo muelle de mi ciudad y de mi añorada infancia. Todos sabemos lo que eso representa: atracción de turistas de alto nivel económico y cultural, creación de puestos de trabajo, etc. Todo fantástico, pero:

Aunque no conozco los detalles de la construcción del nuevo hotel, he creído entender que se pretende derribar toda la manzana de Portuarios, la que va desde el Tránsito de las Ballenas hasta el arranque de la Punta Liquerique, para levantar un edificio enteramente nuevo. Y si esto es cierto, tengo que decir que a eso sí me opongo rotundamente. Eliminar esos edificios, de aproximadamente un siglo de existencia, sería tanto como demoler el de Paquet, o la Comandancia de Marina o el Palacio de Revillagigedo: una amputación intolerable de construcciones históricas que todos los gijoneses vivos conocemos de toda la vida, y que llevan décadas formando parte de lo más característico del muelle. Tales derribos pueden tener sentido cuando los edificios están en ruinas, o cuando no tienen ningún valor arquitectónico, paisajístico o sentimental. Pero si hablamos de construcciones ciertamente antiguas pero con empaque, con carácter y en buen estado de conservación (aunque no sean grandes maravillas de la arquitectura), es un desatino monumental. Y este es precisamente el caso de la manzana de Portuarios. No entiendo por qué ninguna asociación vecinal de Gijón, especialmente de la zona centro y el casco antiguo, no ha puesto el grito en el cielo para que Portuarios se mantenga en pie, aunque quizá sí lo haya hecho y yo no me haya enterado al vivir fuera de Gijón.

¿Quieren ustedes ejemplos concretos de hoteles de lujo nuevos en edificios muy muy viejos? Pues tienen dos muy cerca, y ambos bien conocidos y estupendamente valorados por sus clientes: el primero, el hotel Reconquista de Oviedo, construido en un edificio de unos 300 años, en el que se ha respetado (y hasta restaurado) su aspecto original del siglo XVIII, y donde se alojan habitualmente nada menos que los Reyes de España y los premiados por la Fundación Princesa de Asturias. El segundo, el Palacio de Avilés (antiguo Palacio de Ferrera), en un edificio aún más antiguo, del siglo XVII, donde se alojan todos los artistas famosos con destino al Centro Niemeyer o que estrenan obras de teatro en Avilés. Me consta, además, que en estos momentos la empresa EDM está haciendo la rehabilitación integral de un tercero, el Palacio de Pardo Donlebún en Figueras (Castropol), todavía más antiguo que los anteriores (siglos XIV-XVI) y destinado posiblemente al mismo fin (hotel de lujo), aunque esto último no está todavía decidido del todo. ¿Quieren algún ejemplo más, aunque no sean «de lujo»? Citaré otros tres: el hotel Palacete Peñalba (Castropol), el Palacio Arias (Navia), o el Villa Rosario (Ribadesella). Conozco y he disfrutado en persona de todos ellos, y sé que su atractivo se debe precisamente a estar localizados en viejas casonas de indianos, y no a ser edificios nuevos y ultrachiripitifláuticos, por muy de lujo que sean. Y eso por no hablar de los innumerables alojamientos rurales que hoy pueblan Asturias, cuyo encanto reside precisamente en mantener todo lo posible su arquitectura y decoración tradicionales, tanto en el exterior como en el interior, eso sí, dotándolos de todos los avances y comodidades del siglo XXI.

Pero peor aún: justo al lado del supuesto nuevo hotel tienen el edificio de la Antigua Rula. Reconvertido y totalmente remodelado en su interior, sí, pero conservando íntegro su aspecto exterior. A mi juicio, muy acertadamente.

Así que pregunto a todos los responsables directos e indirectos del proyecto: ¿Hay algún inconveniente en hacer el nuevo hotel manteniendo al menos las fachadas de los edificios actuales? Yo no lo veo por ningún lado. Entonces, ¿por qué hay que demolerlos? Si alguien me lo explica con razones convincentes, lo aceptaré. De lo contrario, si solo se van a derribar porque sí, será un ejemplo más de los miles y miles de «por-mis-huevismos» tan frecuentes en décadas pasadas y que han acabado con buena parte del patrimonio arquitectónico y cultural de toda nuestra maltratada y arrasada España. Por favor, no vuelvan a caer una vez más (y van...) en el mismo y tristísimo error.

Creo que a cualquiera con un poco de sensatez y buen gusto no hace falta decirle nada más. Y a quienes no los tengan (y me da igual que sean constructores, promotores, miembros de la Corporación local o de las comisiones de Cultura, Patrimonio, etc.), que se los lleven todos los diablos por lo menos hasta la bocana del puerto y allí los echen a la mar con un buen lastre de plomo sujeto a los pies.

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