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Cuento de Navidad

9 de Diciembre del 2023 - Clara Soto Jiménez (Gijón)

Hay ciertos lugares en cualquier ciudad que al pasar por ellos dan cierto escalofrío y provocan el paso rápido y una mirada hacia abajo, generando un escalofrío mental. Me refiero en este caso a la explanada del Albergue Covadonga o los alrededores de la Cocina Económica en la calle Mieres, donde los mendigos y vagabundos hacen la vida más fuera que dentro. La palabra mendigo viene del latín “mendicus”, y que en Roma se llamaban así a los que por un defecto físico no podían realizar trabajos y tenían que pedir limosna para subsistir. Considerados marginados de la sociedad por el simple hecho de no tener una rutina, un trabajo, una vida ordenada, una familia. Pero en realidad, ¿qué diferencia hay entre un ricachón de Somió, un autónomo con diez negocios de venta de motos BMW y ellos? En sí mismo, es la estabilidad y el dinero porque es de pleno derecho que, si a esta gente la insertas social y laboralmente, se transforman. No hay nada más que ver esos experimentos que hace algún famoso disfrazado de desarrapado para ver la reacción de la gente. En cuanto descubren que es Ronaldo o Brad Pitt, todo da igual, como si le firman el autógrafo con lapos en el papel. Detrás de cada uno de estos indigentes hay una historia de despido, adicciones, quiebra y desesperación que se pega a la piel como una sanguijuela. Su mirada se vuelve perdida, la suciedad se hace compañera inseparable y la colonia de ratas más cercanas se hacen sus mascotas. La exclusión social y la soledad van de la mano y hacen que el solitario esté más solo aún por no estar integrado. La zona del cerebro que se activa en la soledad es la misma que cuando nos hacemos una herida. Es esa soledad la que crea culpa por estar en esa situación y que degenera en una depresión, por lo que muchos acaban como acaban, peor de cómo empezaron a malvivir. Ahora que las luces de Navidad iluminan los barrios, calles y plazas de esta ciudad a mí me gustaría saber si en el Pleno del Ayuntamiento se ha apartado parte de esa luz para iluminar, metafóricamente hablando, la vida de los que se encuentran solos y abandonados a su propia suerte. Seguro que a usted no le gustaría verse pidiendo en la puerta de un supermercado y es que cualquiera de ellos podemos ser nosotros mañana.

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