Yolanda agota, pero divierte
Yolanda Díaz, "la mejor ministra de Trabajo de la historia", según la definió su último benefactor, Pablo Iglesias, también la serie de "Baron Noir", donde dicen una frase mítica y chulísima: "La política es como el jazz; si cometes un error en una nota, insiste, sigue tocando esa nota y se convertirá en una improvisación de culto, y todo el mundo tratará de imitarla".
Ella ha cometido un error en una nota al negarse hasta en cuatro ocasiones a proporcionar los datos de salario, dietas, viajes, hoteles y restaurantes, que le exige el Portal de Transparencia, relacionados con sus viajes a Brasil, Uruguay o Argentina, detalles que, además de Transparencia, todos los ciudadanos tenemos el derecho a conocer.
Ella insiste, se hace la loca y sigue tocando jazz, esperando que todos los de su banda la imiten. El último error en otra nota ha sido declarar que en España (48 millones de habitantes) hay 100 millones de pobres.
Hasta aquí lo que yo pienso, pero ella, obviamente, con el riesgo reputacional que conlleva, podría contestar a mi ladino interés, con un contundente y definitivo aserto: "Somos el Gobierno y nosotros hacemos las reglas, por lo que tu opinión es irrelevante". Servidor, ni mu ni ma.
Dicho esto, hago un paréntesis para decir que no me parece ni medianamente ético que salga una ciudadana, que se dice gallega, jurando por Odín que los gallegos de todas las edades no tenían ni idea de que Yoli hubiera nacido en A Coruña, por lo que pedían perdón a todos los españoles.
Es una desgracia, vale, pero no es como para pregonar a los cuatro vientos un dato que pertenece al área privada de la empalagosa y servil ministra y que, en modo alguno, supone una merma en su "contrastada" capacidad para, a corto plazo, engullir a Sánchez y regir los destinos de nuestro país.
¡Cómo! ¿Yolanda presidenta? Por fin algo sensato.
Existe la tentación de sentir que ninguna historia política está completa sin una Lady Macbeth y, mira por dónde, hemos conocido a Yolanda. Ha merecido la pena la espera de tantos años (aplausos).
Pero no divaguemos y perdamos el hilo, hablamos de lo público, y lo que pertenece al área pública y nos afecta a todos es saber hoy en qué se gasta "nuestro" dinero la señora Díaz, pero ella calla, calla y sonríe, mientras levanta su dedo corazón y nos manda a todos... un saludo cariñoso.
Si la ágrafa, ignorante y escasamente documentada ministra es medianamente inteligente, empezará a investigar, con cargo al erario público (ahora sí), los precios inmobiliarios en Uganda, o tal vez Madagascar... o la Luna, dado su interés reciente por los cohetes y planes de huida de los ricos.
Es fácil imaginar que el único vestigio que captarán las civilizaciones venideras respecto a nuestra civilización será un monolito con un último mensaje grabado justo antes de la extinción: "Dependemos de Yolanda Díaz".
Inmediatamente, un inmisericorde agujero negro habrá hecho su trabajo, convirtiendo la luz que emana del personaje en total oscuridad.
Saludos cordiales.
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