Aceptar la corrupción es de mucha cobardía
Cuando un político pierde la vergüenza, pierde el respeto a los ciudadanos, la culpa es nuestra, por nuestra permisividad y condescendencia. Muchas veces por evitar meterse en problemas. La cobardía de los buenos la aprovechan los malos para serlo.
Estoy escuchando el debate de la amnistía y me avergüenzo de soportar políticos que faltan a la inteligencia de los españoles. Un debate donde cada cual suelta su doctrina, que leen en un rollo infumable, viendo cómo se desprestigian los unos a los otros sin darse cuenta que están tirando piedras sobre su mismo tejado.
No escuchan a los demás, les importa un pimiento lo que digan, les da igual todo, ya perdieron la vergüenza y el respeto por todo, hasta por ellos mismos.
Esta amnistía, no otras, tiene un cariz corrupto, es delito de cohecho en el momento que aceptan el poder y ofrecen a cambio impunidad a delincuentes y fugados. Además de otras prebendas como perdón de deudas a malversadores, indultos, y blanquear todo tipo de delitos por los que algunos fueron juzgados y condenados. A otros que estaban pendientes de juzgar por prófugos, ustedes, para perpetuarse en el poder a costa de todo, por sus santos bemoles, les borran todos sus delitos, les sobran los jueces. Se ríen en todos los morros del resto de españoles que cuando cometen un delito pagan por ello (como no podría ser de otro modo, salvo que seas político y necesario para hacer presidente a alguien sin escrúpulos) ser político en España es sinónimo de privilegio ante la ley.
En la vida se puede ser desprendido, solidario e indulgente con los demás, pero cuando lo seas a cambio de beneficio propio, ya pierde ese valor altruista para convertirlo en delito de cohecho si eres político.
Me perdonarán por insistente, pero es de mucha gravedad lo que ustedes están aceptando como normalidad democrática: corrupción de la buena.
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