Randiña
Según la RAE, la palabra "randa" significa ratero o granuja, y sí, yo conocí a Randa o Randiña cuando venía a cortejar a mi pueblo en Vilavedelle. Randiña nació en la Espiñeira, en Foz, y vivía en una furgoneta al lado de una farola. Fue el precursor de las furgonetas camperizadas y tenía una novia en mi pueblo, María de los Paxareiros, aunque esta murió muy joven.
Randiña era un gran actor. Simulaba ataques epilépticos y engañaba a la gente con su actuación.
En casa de la Fonte vivía doña Francisca, que tenía un problema al hablar, y su hijo Alejandro Sela era juez, y el Randiña al simular el ataque se rompía la ropa y doña Francisca le regalaba trajes de su hijo, con lo cual el Randiña salía vestido de gala.
A Randiña no le gustaba trabajar. Si no comía no trabajaba, y después de comer tenía que hacer la digestión.
A Randiña también le gustaba el buen vino (bueno, el vino) y este avivaba su ingenio.
Randiña explotaba su habilidad para no dar golpe, pero eso a veces le acarreaba problemas con la Benemérita.
En el año 1964 estaba en vigor la "ley de vagos y maleantes", una ley de la República con el añadido de la dictadura de Franco en 1954 a homosexuales y gente desviada, y claro, Randiña era el sujeto ideal para aplicársela. Que faltaba una gallina del gallinero, era el Randiña el culpable; que se iba la luz, era el Randiña el que juntara los cables, que aparecía una piedra en la carretera, era el Randiña.
La pareja de la Guardia Civil aparecía por mi pueblo y, venga, el Randiña para el cuartel entre dos guardias. "Vaya tropa", decía el Randiña cuando iba andando para Castropol entre los dos guardias.
A Randiña le pegaba la Guardia Civil, pasaba un día en el calabozo y vuelta para el pueblo a esperar otra detención.
Randiña era como "el Lute", que lo condenaron por robar tres gallinas, pero Randiña no se fugaba, Randiña esperaba tranquilo, era su manera de ser.
"Vaya tropa", decía el Randiña cuando iba esposado entre los dos guardias civiles camino del cuartel de Castropol.
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