Mirando atrás con simpatía
Yo tenía un compañero, de entre todos, el mejor; se llamaba José Benito y le llamábamos Tito. Por eso me pasó desapercibido cuando firmaba, en este diario, como José Benito Carlos el recio marcaje que, desde "Cristianos de base", ejerce frente al Arzobispo (LA NUEVA ESPAÑA del 30 de agosto, del 9 de septiembre y del 15 de noviembre). Nadie me invita y nada me incita a terciar en esa contienda arquiespiscopal. Lo que me propongo es remontar medio siglo hasta aquellos años en que Tito y yo estudiábamos juntos, y en los que, juntos, apacentábamos después afanes y desasosiegos en las altas y espaciosas soledades de Berducedo y el Valledor.
Me gustaría aprehender el núcleo original de lo que entonces nos unía (¿o nos separaba ya?). Lo voy a intentar con el procedimiento poco convencional de formularle, tomándolas al vuelo, algunas de las preguntas que flotan en suspensión en la malsana actualidad. "¿Cómo se puede ni siquiera suponer que es progresista un Gobierno que no respeta la división de poderes, promueve la desigualdad ante la ley e incluye en sus filas a fuerzas del más rancio nacionalismo?" ("El País", 11 de diciembre). Contéstale a Cebrián, José Benito, que, aunque no sea arzobispo, no dejará de parecerte extrema su pregunta.
¿Creen los cristianos de base que los conservadores reparten entre los niños caramelos envenenados y que salen de noche a envenenar las fuentes? ¿Creen que toda alma progresista viene al mundo "sine labe originali concepta"? ¿Que la etiqueta de "progresista" limpia, fija y da esplendor a cualquier mercancía a la que se la pongan encima? ¿Es progresista financiar con 165 millones el uso del catalán en la Eurocámara y desentenderse de la ELA invocando falta de recursos? ¿Es progresista que en el Congreso y en el Senado se imponga el catalán y el pinganillo mientras en Cataluña se vigila a los niños para que no hablen español en los recreos?
¿Se redime un tramposo con el simple truco de llamarles a sus trampas "cambios de opinión"? ¿Sería constitucional y benéfica la amnistía si se la hubiera propuesto Feijóo a Junts por 4 votos (dejándole 3 a Puigdemont para que se los administre por donde le convenga después de consultar al farmacéutico)? Al condonarles la deuda contraída al financiar el "procés", ¿no se nos obliga a hacerles de puta y a pagarles la cama? ¿Ser progresista, para el español de a pie, consistiría básicamente en decir que llueve cuando le mean en la oreja? ¿Es progresista convertir a España en un Estado federal con nacionalistas de primera y españoles de tercera?
¿Es progresista reconvertir las instituciones de control en cámaras de refrendo, en seudópodos del ejecutivo? ¿Es cristiano promover el aborto y la eutanasia y desentenderse de la natalidad y de los cuidados paliativos? Estas diez preguntas se encierran en dos: ¿Hay que ser de izquierda para ser cristiano, y de extrema izquierda para ser mejor cristiano? ¿Hay que comulgar con ruedas de molino para vivir en gracia de Dios? Haber respondido afirmativamente a más de la mitad del cuestionario es síntoma inequívoco de padecer hiperplasia benigna de la glándula de la fe; dolencia, sin duda, más llevadera que el SDR (síndrome dubitativo recurrente) que sufrimos algunos.
Fuiste testigo en aquellos tiempos augurales de mi renuencia a subir a un tren en el que nos llamaban "izquierdosos", "compañeros de viaje", "tontos útiles". Intuía que el día en que dejáramos de serles útiles nos tendrían solo por tontos. Testigo a mi vez de tu inteligencia y de la sinceridad de tus sentimientos, entenderás que no acabe de entender qué pintáis a estas alturas viajando en compañía tan necia, tan zafia, tan nociva. "Piafan los bárbaros en las anticámaras del poder", avisaba André Glucksmann en el 75. Óscar Puente, Rufián, Sánchez, Otegi... ¿En las anticámaras? No. En el puente de mando. Una coalición que implica "complicidad con organización delictiva, por lo que se podría pedir responsabilidad jurídica, y no solo política, al Gobierno y su presidente". Otra vez Cebrián ("Democracia totalitaria", "El País", 12.12.22).
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