Feminidad o feminismo
Pierre de Brantôme, soldado, libertino, escritor, pródigo participante en intrigas amorosas y políticas, duelos, rivalidades y asesinatos, destacaba hace siglos en sus novelas, artículos y crónicas un rasgo común: su amor por las mujeres, especialmente por aquellas a las que había conocido profundamente (la reina Margot o Catalina de Médicis, por ejemplo).
Planteaba el señor de Brantôme (siglo XVI) en sus escritos que la mujer, "para ser hermosa y perfecta", debía tener treinta bellezas.
Desde entonces y ante la imposibilidad de cumplir tales requisitos estéticos, las mujeres han ido devaluando la "hermosura y perfección" con pinturas, implantes, pelucas, tatuajes, rellenos..., para terminar por caer en el extremo opuesto, que supone mujeres menos femeninas y atractivas, alejadas de los cánones tradicionales de belleza.
Un amigo mío dice que, por culpa de algunos orcos feministas (minoría), muchos varones de bien (mayoría) terminaremos en el celibato ultraortodoxo.
Por no poder, usted ni siquiera puede rechazar tener relaciones con una mujer alegando con delicadeza y tacto que "su cuerpo", el de ella (al suyo no me refiero por piedad), "no cumple con los cánones estéticos mínimos"; vamos, que no le gusta en absoluto.
¡Ojo!, puede que no le salga gratis y terminen por acusarle de "violación inversa", algo así como "no es no", otra forma de acoso machista y complemento del "solo sí es sí", penado igualmente por la ley.
El tema se complica sobremanera si a la extensa lista de "imposiciones" impuestas por la ley feminista (prohibición de miradas impúdicas, insinuaciones, piropos, flirteos, abrazos o besos no deseados, chistes sexistas o acercamiento físico excesivo), añadimos una nueva pretensión cual sería exigir por ley que una mujer pueda casarse con el hombre que quiera, esté él o no de acuerdo.
Es conocido el caso de un autor italiano que, al saber que un amigo suyo se había casado, se preguntaba con asombro: "¿Cómo que se ha casado? ¡Si yo le había dejado en perfecta salud...!".
Acojonado por el imperativo feminista, he decidido curarme en salud y ser de género hetero por la mañana, de género líquido no fluido, más bien espeso, a mediodía, y por la noche, como el Baron Ashler de la serie "Mazinger Z", mitad hombre y mitad mujer, siendo los fines de semana omnipresente y omnisciente al mismo tiempo.
A la vista de lo que hay, los extraterrestres, acojonados ante la posibilidad de ser descubiertos, se meterán en un agujero negro antes que entablar contacto con los pérfidos terrícolas.
Gracias a Dios, debo de sufrir algún tipo de paranoia. De hecho, creo que me persiguen.
Saludos cordiales.
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