Borgias por aquí y Borgias por allá
Rodrigo de Borja (o Borgia) nació en 1431 en una destacada familia de Játiva, en el Reino de Aragón. Era sobrino del obispo de Valencia, Alfonso de Borja, quien veló por su educación y dispuso que, estando aún en la adolescencia, recibiera beneficios eclesiásticos (o sea, cargos religiosos dotados de rentas). Con 18 años, y al amparo de su tío, quien ya para entonces era cardenal, se trasladó a Italia, donde cursó estudios de Derecho. Cuando Alfonso pasó a ser el papa Calixto III, convirtió en cardenales a Rodrigo y a su otro sobrino, Pedro Luis de Borja, al que además hizo gobernador de varias ciudades. Rodrigo, por su parte, no tardó en ser nombrado vicecanciller de la Iglesia, cargo que desempeñó bajo varios pontífices y con el que obtuvo lucrativos beneficios eclesiásticos, forjó una fabulosa fortuna, ejerció enorme poder y vivió como todo un príncipe.
Rodrigo era hombre inteligente, elocuente orador, mecenas de las artes y persona capaz de lograr sus objetivos. No obstante, mantuvo varias relaciones ilícitas, que lo convirtieron en padre de cuatro hijos con su amante de toda la vida, y de algunos más con diversas mujeres. Aunque el papa Pío II lo amonestó por su afición al entretenimiento "más disoluto" y al "placer desenfrenado", no modificó su línea de conducta. Tras la muerte del papa Inocencio VIII, en 1492, los cardenales se reunieron para elegir sucesor. Es innegable que Rodrigo de Borja, con espléndidas ofertas y total descaro, compró suficientes votos de sus colegas para salir del cónclave convertido en el papa Alejandro VI. ¿Cómo los sobornó? Entregándoles dignidades eclesiásticas, palacios, castillos, ciudades, abadías y obispados que brindaban cuantiosas rentas a sus titulares.
A los que no podemos sufrir tanto Borgia encaramado al poder, arruinando en su beneficio cualquier camino de escape, cerrando el desarrollo natural de una humanidad todavía dispuesta a sufrir por la justicia más allá de su propio interés, dirigiendo sin escrúpulos este mundo hacia un final anunciado, ¿nos alcanzará alguna vez la justicia?: "Bienaventurados son los que se lamentan, puesto que ellos serán consolados. Bienaventurados son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra. Bienaventurados son los que tienen hambre y sed de justicia, puesto que ellos serán saciados" (Mateo 5:4-6). Y eso... ¿cómo?: "Porque solo las personas rectas vivirán en la tierra y solo los intachables seguirán en ella. Pero los malvados serán eliminados de la tierra y los traidores serán arrancados de ella" (Proverbios 2:21,22). Y eso... ¿cuándo?: "Padre nuestro, venga a nosotros tu reino (gobierno) y hágase tu voluntad en la Tierra". Ya falta poco, antes de que la Tierra sea inhabitable por culpa del poder de los ambiciosos.
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