No dejemos escapar el tiempo, en él va la vida
La adolescencia ha sido siempre una etapa de tránsito hacia la bifurcación de los caminos de la vida. Como padre de cuatro hijos, intenté todo lo que se me ocurrió para orientar bien hacia los caminos de la paz, la justicia, la sabiduría y el amor. Aún pienso que podía haberlo hecho mejor, a pesar de que solo me han dado satisfacciones. Ahora, con más experiencia, trato de ayudar un poco con mis nietos. El viernes 24/11, llevé a mi nieta Lucía de once años -bastante maduros- a la entrega de premios de la Fundación para el progreso Unir. Se otorgan premios y diplomas de finalistas para categorías de diferentes edades, por un ensayo o un relato que destaca los valores. Quería que mi nieta viese cómo se entregaban diplomas a jóvenes de su edad por escribir algo sobre los valores, valores que unen a las personas.
La animé a escribir algo para presentarlo el año que viene, y eso me dio pie para seguir después una conversación sobre los valores, valores universales, valores humanos, valores éticos, valores por los que merece la pena luchar, sufrir y vivir. Me dijo sorprendida que, aunque lo había escuchado en casa, eso de que lo que te hace sufrir pueda ser una meta en la vida, no lo escucha en ninguna parte. Pensé que desde luego esas no son las metas que se promocionan en los medios, o en la tablet. Mejor lo intrascendente, que vende más. Y... tampoco mucho en el colegio, para eso está la familia pero... depende, trabaja él, trabaja ella, no queda mucho tiempo, hay que hacer los deberes y ya, quieren tele o tablet.
Creo que se confía demasiado en que todo saldrá bien no se sabe por qué, sin pagar el precio de entrenar al joven... no solo para la vida sino para esta vida presente tan peligrosa y extraña, aunque tenga uno que restringir ingresos, aunque tenga uno que comprar el tiempo. Decididamente, le daré a Lucía ideas para un relato, quizá... el joven escogido entre otros mayores y experimentados: "Dios eligió a David, el octavo hijo de Jesé. A ninguno se le había pasado por la cabeza llamar al joven David" (1 Samuel 16:6-12). Sí, un joven puede ser aún más valioso que un mayor, para quien nos ve por fuera y por dentro. Ayudémosles.
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