La paz que nos deseamos
Estos días todos nos proponemos romper la monotonía de nuestro vivir, tan vacío y banal, para encontrar al menos la paz personal o familiar. Pero la verdad es que me temo que el mundo actual no dé respuesta alguna a los deseos y preguntas que a él dirijamos: tampoco a esta. Pero nadie nos puede impedir creer y desear esa paz en grado sumo tan necesaria, aunque nuestro temor no encuentre respuesta sincera en este nuestro mundo sociopolítico. Por otra parte, bien sabemos que la paz no se realizará tampoco mediante nuestros más íntimos deseos, ni de manera abstracta o ideal. Aunque algunos se conformen y les baste con desear esa paz que no da respuesta a tantos y a otros hunde. Creo que deberíamos desearnos la paz desde otro ámbito distinto al de las maneras de nuestra sociedad y nuestra política: viviéndola y deseándola desde los sentimientos más profundos. Nunca veremos la paz si no es en la paz sembrada en la confianza más profunda de los otros. Por otra parte, y a mi parecer, esta sería la única manera de entender a los buenos cristianos que quedan.
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