La peor política
Está volviendo, por lo que parece, el modo de hacer política de los años treinta. El peor modo.
Cuando uno lee que en Asturias hay una dirigente, de cuyo nombre no quiero acordarme porque seguro que quien lea esto sabe a quién me refiero, cierta dirigente que siempre que tiene oportunidad ataca de burda manera al arzobispo de Oviedo, uno vuelve inevitablemente a recordar aquella década de 1930. Esas eran las formas que usaban sus antepasados de la misma formación política, los parientes socialistas de la aludida dirigente. Poco después de proclamarse la República Segunda el 14 de abril de 1931, supongo que habrá alguna paisana o algún paisano por ahí que aún se acuerde de haberlo vivido, mucha gente en aquellos días animaba a la quema de conventos, alentaba a quemar iglesias, a cargarse curas y a violar monjas. Y tampoco hay que olvidarse de las pistolas, como las que tenían los nazis (por cierto, también eran socialistas) que en Alemania llevaron al poder a Hitler.
En aquella España, los entendidos saben que los políticos solían entrar con pistola en el Congreso de los Diputados. Y cierto diputado socialista tenía de escolta a quien luego sería el asesino del líder de la oposición, el señor Calvo Sotelo. Este hombre contaba con la denominada «inmunidad parlamentaria»; pero Luis Cuenca, el pistolero de turno, se olvidó de esa inmunidad, o se la pasó por los bemoles, y le soltó dos tiros en la nuca al poco de subir José Calvo Sotelo al camión aquella madrugada del 13 de julio de 1936.
Y escribo que creo que vuelve ese modo de hacer política de los años treinta porque, y sobre todo esa «elite» de dirigentes socialistas que nos ponen delante en Asturias (que son una pandilla de iletrados, salvo contadas excepciones), porque hay quien da la impresión de no saberse ni la historia de su propio partido. Y quien ignora esa historia, en este caso la del socialismo español, posiblemente volverá a repetirla. Hasta que no nos vean pegarnos en la calle no van a parar. Queda dicho.
Quiero aprovechar para mostrar mi total repulsa y rotunda condena a lo que estamos viendo que hace el personaje que tenemos de presidente del Gobierno de España: despreciar a las instituciones españolas y negociar fuera de España el futuro de España, y nada menos que con un prófugo de la justicia española.
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