Este país no es el mío, ¡tragamos con la corrupción!
Extraordinariamente grave es el pacto de Pedro Sánchez con delincuentes, fugados, con quienes hacen homenajes a etarras y con quienes odian y quieren salirse de este país. Todo en beneficio mutuo, en un trueque (impunidad por poder), es corrupción institucional sin límite.
Después de lo del emérito tal parece que en este país se perdió la dignidad por completo. Se fugó por la puerta grande a un país sin posibilidades de extradición si así fuera requerido por unos tribunales de justicia decentes, si también fueran presionados por una Fiscalía y Audiencia Nacional cumpliendo con sus funciones de responsabilidad y compromiso con la legalidad con quien fuera, rey, noble, hidalgo o el más humilde de los plebeyos. Ante temas así de corrupción institucional, deben los poderes del Estado y todas las instituciones actuar de manera inmediata, corre peligro de falsear nuestra democracia y falsificar la igualdad de todos ante la ley.
Al desenmascararse que el emérito fue un corrupto casi toda su vida, y, lo mismo con este trueque de Pedro con delincuentes, deberían saltar como un resorte todas las alarmas democraticas, no puede Constitución alguna amparar y proteger un sujeto así, y un pacto como ese con prófugos de la justicia, no puede seguir un día más semejante disparate de prerrogativa como es la inviolabilidad. Pues el emérito ya hasta viene de vacaciones y de cumpleaños, acompañándolo el actual rey, reina, princesas e infantas sin vergüenza alguna. Lo que no prescribió lo amparan la Constitución y la cobardía de todos.
Luego hablan maravillas del discurso del rey de Navidad, nada, solo palabras huecas. Ya su padre hacia discursos memorables mientras escondía millones en paraísos fiscales y regalaba hasta 65 millones de ellos a una querida, mientras los españoles las pasaban canutas con la crisis financiera.
Ahora nos viene el presidente del Gobierno con otra corrupción admitida por todos. Este país no es el mío.
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