Como el cemento armado
Querida alcaldesa de Gijón:
Escribo esta carta para desearle, ante todo y sin ánimo de hacer ninguna pelota, unas felices fiestas y un Feliz Año Nuevo. Ya que estamos en estas fechas tan señaladas, donde la generosidad y bondad ablandan el corazón al más pintado, le quería comentar una duda y a la vez preocupación que me tiene con la interrogación más constante que la que se formula en todos los programas de "Saber y ganar" juntos. Usted que viste sempiternamente de negro y por lo que le acompaño en el sentimiento, no sé si se percata que los colores afectan y mucho. El negro transmite elegancia, sí, pero también pesimismo y mal fario a raudales. Ahora voy entendiendo por qué usted dando el visto bueno a tanta obra para transformar Gijón y cambiar las aceras, tan anchas como Castilla y con un cemento armado gris como el antiguo uniforme de la Policía Nacional. Estas cantidades ingentes de hormigón van a convertir Gijón en una auténtica sepultura, lisa y lasa, sin sustancia, donde el agua de lluvia no va a tener ni un atisbo de desagüe, donde los orines de los canes formarán lagunas estigias y cuando llegue el próximo verano, el sol reflejado en la acera nos va a hacer rezumar los cuerpos como si estuviéramos en pleno Sahara. No sé si es que tiene algún colega trabajando en una cementera con stock a raudales o es que le sobró mogollón cuando le estaban haciendo la entrada del chalé. Quizás usted como va con chófer de confianza a todas partes no se percatará nunca de esto ni verá lo tristes que son algunas calles sin una sola luz led navideña (y sin ser Navidad, también). Quizás usted tenga tantos asuntos que firmar que cuando llegue a su sala de operaciones, se le olvide colocar un catéter para expulsar los coágulos a una mujer recién operada y al punto del colapso mortal. En fin, son gajes del oficio, ¿verdad? Sólo me pasaba por aquí porque cuando dejemos todos de traer a casa la gravilla en los botines y otros tantos ciudadanos hayan pasado por urgencias de las caídas ocasionadas por los socavones o del mareo producido por ir cambiando de acera como si del juego de la Oca se tratara, ya Gijón se habrá convertido en una gran escena de la novela de George Orwell "1984".
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