Un evento para recordar: bodas oro
Queridos amigos todos; damas y caballeros, frailes y siervos, condes, menestrales, peregrinos, mozas y residentes,... venidos del norte o de..., cualquiera que sea vuestro origen o procedencia, presumibles amotinados, pertinaces resignados, interesados, curiosos, vecinos, visitantes ocasionales y zafrales autoridades que -dicho sea de paso- nos han traído, aunque nacidos con noble causa, nos han traído, digo, nuevos numerosos y desconocidos males en sustitución de los antiguos y sin siquiera querer saber qué habilidad o astucia emplearán para, a ciencia cierta, sacar partida de este gaudeamus,... Pues, gracias a todos por estar aquí y tener la buena voluntad de escucharme. Prestad, pues, atención, vengan a escuchar la historia de una pareja que ahora, ¡no se impaciente vuecencia!, que los aperitivos ya están servidos, llegan desde el valle de Insierto y Cenera.
Que recuerde así rezaba el pasquín de pergamino que sujeto a uno de los álamos temblones que arropan el templo moderno, católico, de la parte intermedia entre la zona baja de la Vetusta que tan acertadamente describiera don Leo, sí hombre para mí es un amigo, maestro sí pero..., bueno si a usted no..., diré el mote: Clarín y la más fea sobre todo desde que ese monstruo blanco, ¿blanco roto?, dice vuestra merced, ¡cuando en realidad oxidándose está!, que extiende sus brazos en voladizo abiertos al Norte, como exhibiendo la potencia del ordenador, porque otra cosa no... En fin no merece la pena alargar la pena... Pues, retomo la vía, anunciaba aquella otrora piel de cordero, el evento que os quiero contar, por si no habéis podido asistir.
Como digo estaba grabado en un pergamino de piel de cordero y escrito con letras sepia, estilo gótico alemán, sin adornos, como corresponde a la austeridad germánica.
Eran las horas del ocaso del último sábado del año dos milésimo vigésimo tercero de nuestra era y quincuagésimo desde el sonado día en que el señor de la estirpe de los Cuesta había contraído nupcias con el hermosísima dama de la familia de los Muñiz, en el templo de hoy conocido de los Mártires de Cuna, aunque ha sido construido a la advocación de Santa María, al final de una empinada cuesta que cantara el juglar.
Esperaban en el atrio al sacerdote párroco que les invitó a pasar hasta el altar mientras los acordes de la Marcha Nupcial, de un violín, inundaban el templo, casi completo de fieles, familiares y amigos. Durante la eucaristía renovaron sus votos de fidelidad y al final el marido agradeció a la Iglesia, la entrañable misa con que recordaron el día que se casaron allá por 1.973. «¡Qué lástima que otros matrimonios no pudieran haber asistido al mismo acto del que tendrían otro inolvidable y precioso recuerdo como ha sido el nuestro», manifestó el esposo, que añadió: «Con actos así, parece buscarse la belleza y la armonía de la vida». No en vano eran del valle de Cenera.
Fue, diríamos Angelina -mi esposa- y yo, una entrañable y hermosa búsqueda de la divinidad. Para el año que viene te invitaremos a ti y a tu esposa en vuestras bodas de oro o de plata. Acéptalo y no lo olvidarás, con sólo sentimientos, sin nada, nada material. ¡Salud!
Celebración: Bodas de plata y de oro en la parroquia de los Santos Apóstoles de Oviedo, 2023.
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