Quo vadis, Europa?
Desde que se fundó la necesaria Unión Europea, por lo menos para intentar evitar que nos destruyéramos entre nosotros, su rumbo ha sido cada vez más errático.
Los valores y fundamentos éticos sobre los que se creó, incluidos los derechos humanos, parecen ser rebasados por intereses económicos o geoestratégicos.
La actuación en la pandemia del covid-19 con más sombras que luces en donde se llevaron a cabo contratos opacos con farmacéuticas con un historial judicial interesante, el recorte de libertades ciudadanas, la nula gestión de la inmigración, la poca capacidad de evitar el gran desastre de la guerra de Ucrania o mirar para otro lado e incluso apoyar el genocidio palestino son un ejemplo de falta de liderazgo y saber gestionar.
Durante lustros los políticos que se presentaban a las elecciones europeas eran aquellos que ya habían sido amortizados en sus países y se les enviaba ahí a retirarse, un poco como el Senado español. Pero he aquí que con los años la importancia y transcendencia de las leyes europeas llegaron a estar por encima de las propias de los países con lo que la legislación y política europea tiene cada vez más importancia.
Necesitamos una Europa con voz propia y capaz de enfrentarse a los problemas, sobre todo aquellos que urgen, como son el genocidio palestino y la insensatez de la guerra de Ucrania.
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