De las terapias alternativas
Una tarde, cuando entraba en la herboristería para comprar algo de salvia -planta aromática que también se usa en gastronomía-, me encontré de bruces con un cartel publicitario en la puerta que anunciaba las excelencias de la auriculopresión para curar la ansiedad, el estrés, el insomnio, etc. Intrigado por saber en qué consistía la palabreja comencé a buscar información.
Al parecer, la auriculoterapia se basa en considerar que la oreja humana -no se menciona nada si ocurre lo mismo en animales ya sean mamíferos o no-, además de servir para oír y enfriarse en invierno, es un microsistema donde se refleja todo el cuerpo humano, algo así como un mapa tridimensional o como una imagen parecida a la de un feto -un homúnculo- orientado cabeza abajo. Es decir, que si recordamos la forma y los detalles más importantes del oído externo, tenemos primero el borde exterior o hélice, después las fosas escafoidea y triangular entre la hélice y la protuberancia en forma de arco que bordea el canal auditivo que recorre toda la oreja, denominada antihélice, y finalmente el lóbulo o parte carnosa inferior donde se suelen colgar todo tipo de supuestos adornos -preciosos algunos o a veces aparatosos otros- según el gusto del propietario de sus pabellones auditivos. Pues bien, argumentan que en la hélice se localizan los puntos que reflejan los talones, los dedos de los pies, y los de las manos; en las fosas los relacionados con las caderas, tobillos, manos, hombros, etc.; en la antihélice los del abdomen, cuello y en el lóbulo de los ojos, la cara y la frente. Por citar algunos de los más de doscientos puntos que supuestamente se corresponden con todo el cuerpo.
Basado en esto, los problemas de salud física, mental o emocional de un paciente se pueden diagnosticar y tratar mediante la estimulación, por acupuntura, del punto especifico del oído externo que corresponde a la zona afectada. Aunque conviene aclarar que, en apariencia, puede considerarse una técnica fácil, es engañosa, pues al estar tan concentrados los puntos que reflejan todo el organismo en una superficie tan pequeña como la de una oreja, hay que tener muy buena vista, pulso firme y decisión inquebrantable para no equivocarse. Desgraciadamente suele ocurrir con bastante frecuencia que se tardan meses tratando de localizar el punto concreto sobre el que actuar para aliviar el dolor, acabando los pacientes llevándose a casa, además del dolor original, algún nuevo dolor en una parte del cuerpo no relacionada con la dolencia original, las orejas tumefactas, alicaídas y una abundante colección de zumbidos que les suele impedir conciliar el sueño.
A simple vista, no se ha encontrado todavía ningún indicio de que exista tal correspondencia directa entre regiones corporales y áreas específicas del pabellón auricular, formado por tejidos simples, con poco riego sanguíneo y escasa red nerviosa, algo que parece contradictorio con los requerimientos que se suponen necesarios para ejercer tal función. Como mínimo tendría que disponer de una sofisticada red nerviosa y un importante aporte de riego sanguíneo tales que las orejas tendrían un aspecto más parecido a unos relucientes pimientos rojos muy diferentes de las reales. Entonces, se explica la supuesta correspondencia directa entre regiones corporales y puntos concretos en el pabellón auricular, por la existencia de doce canales, o meridianos interconectados por los que fluye la energía vital, del mismo modo que existe el sistema circulatorio sanguíneo. Canales tan inmateriales como la misma energía vital que aseguran circula por ellos y de los que la investigación científica no ha encontrado ninguna prueba.
La supuesta terapia se basa en el equilibrio de la invisible energía vital en el organismo. Cuando se presenta una enfermedad se produce un desequilibrio de energía en la región del cuerpo afectada, detectable, porque su punto correspondiente en la oreja se ve alterado; sirviendo como método de diagnóstico. La enfermedad se puede curar mediante la estimulación de los canales que logran restablecer el equilibrio energético del cuerpo.
Además de la auriculoterapia, existen también otras terapias como la reflexología o terapia de zonas reflejas que, mediante la presión en las zonas de los pies y las manos que supuestamente reflejan una imagen del cuerpo, se desbloqueen los campos de energía vital afectados; aunque es conveniente insistir que la higiene de los pies es fundamental si no se quiere obtener un diagnóstico erróneo, especialmente en los días en que se celebren las sesiones clínicas, por lo que sería muy conveniente anotar las fecha en algún tipo de agenda.
La quiropráctica se apoya en la creencia de que los trastornos mecánicos de la columna vertebral pueden afectar a la salud general a través del sistema nervioso, al bloquear el flujo de la energía vital, alterando la función del organismo. Su actuación tanto en el diagnóstico como en el tratamiento se basa en la utilización de prácticas manuales. La naturopatía promueve la autocuración recomendando no realizar pruebas médicas, ni usar medicamentos ni vacunas, lo que conduce a diagnósticos y tratamientos ineficaces e incluso potencialmente peligrosos para la salud, mediante prácticas calificadas como naturales o no invasivas. Mientras que la iriología afirma poder determinar la salud de un paciente examinando los patrones, colores y otras características del iris del ojo. Con la ayuda de mapas del iris, en los que se definen y asignan zonas que corresponden a partes específicas del cuerpo, se puede distinguir los órganos sanos de los que están inflamados.
Todas estas terapias y algunas otras más entran dentro de la llamada medicina alternativa o complementaria, que no están apoyadas en el método científico, carecen de pruebas o sostienen argumentos que no se pueden probar y se ha demostrado que son erróneas, engañosas e ineficaces.
Pero a pesar de ello el uso de terapias alternativas está en aumento por diversas razones, desde la búsqueda de soluciones a problemas crónicos a la desconfianza hacia el enfoque existente en la medicina oficial. En muchos casos, se acude por desesperación. Siendo significativo que las personas con mayor poder adquisitivo y mayor nivel de formativo son las que más las eligen.
Tanto la contestación y el cuestionamiento de las instituciones médicas, el desorden informativo y la polarización por determinados grupos de población, ya existían y se manifestaban antes de la pandemia del covid-19, incrementados por lo ocurrido durante su transcurso, especialmente con todo lo relacionado con las vacunas. Probablemente habrá más motivos, pero entre otros están la masificación, con profesionales desbordados, la atención médica insuficiente -causa del consumo excesivo de medicamentos-, las largas listas de espera, la excesiva tecnificación de la medicina -con una apuesta por los medicamentos sintéticos por la presión de la industria farmacéutica- o médicos que no aceptan la medicina alternativa. Todo alimentado, además, por un exceso de difusión de la información de terapias alternativas mediante el boca a boca de compañeros de trabajo y amigos e incluso médicos, fisioterapeutas y farmacéuticos, sin olvidar la literatura especializada y, muy especialmente, internet, donde encuentran información y noticias sobre estas cuestiones.
En fin, sea por estas causas u otras, estoy de acuerdo con la opinión de la medicina científica de que solo existe la medicina que ha sido probada adecuadamente y la que no, la medicina que funciona y la que puede o no funcionar, ejercida conforme a la ética médica. Los tratamientos alternativos deben ser sometidos a pruebas científicas no menos rigurosas que el exigido para los tratamientos convencionales y una vez superada y probada su eficacia incorporados a la práctica médica sin más adjetivos.
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