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Privacidad espiritual y secretismo

14 de Enero del 2024 - Rufo Costales (Oviedo)

Tengo una cosmovisión bíblica y, usando el Libro Sagrado como guía, creo que Dios también cambia de estrategia según el tiempo y según su voluntad soberana.

¿Qué está haciendo Dios exactamente ahora, sobre un mundo en el que campan a sus anchas el caos y la confusión? Debemos esperar, ver y actuar.

La pertenencia a un grupo es importante para los seres humanos. Somos mamíferos tribales y la evolución nos ha dejado a algunos de nosotros tan aterrorizados por la exclusión social como lo estamos por la muerte física.

Estamos atrapados en una caja negra gigante insonorizada y, si tenemos suerte, en unas décadas se escribirán ensayos sobre la epidemia de estupidez que asoló el mundo.

Si no tenemos suerte y se cumplen los peores augurios, simplemente no habrá quien escriba esos ensayos, ni habrá, por supuesto, quien los lea.

¿Deberíamos entonces distraernos e intentar pasar desapercibidos? Sí, puede que, amparado en la frase tan repetida por doquier "no tengo nada que ocultar", decida que eso es lo más apropiado para evitar las garras de los que pretenden atraparme; claro que este es un pensamiento bastante simplón y exclusivo de aquellos que evitan lidiar con lo que puede suceder al final de esa pendiente.

Más interesante sería la privacidad y hacerme socialmente invisible, idea que, concluyo, es igualmente simple porque no hay privacidad alguna en esta vida.

Es más, pienso que ni siquiera tendré privacidad en mi funeral, cuando muera. La gente estará mirando mi féretro. Sabrán que estoy allí intentando descansar, pero no me dejarán en paz e insistirán en la última palabra del oficiante, o se animará a algún "heroico" amigo o familiar a decir algo positivo de mi persona.

Por supuesto, tampoco tendría privacidad en el infierno. Aquí sería acosado por Satanás y su séquito de ángeles caídos, que querrían cobrarse alguna onerosa factura pendiente de mis fases de fervor cristiano.

Afortunadamente, espero que el cielo me esté esperando y allí todo sea diferente. La privacidad no será un problema, aunque tengo una duda al respecto: ¿no se interroga en la Puerta de San Pedro a todo aquel que pretende entrar en el cielo? ¡Glup!

Saludos cordiales.

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