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¿Por qué no poner el corazón en la verdad?

16 de Enero del 2024 - José Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

Los niños los trae la cigüeña, que si el Ratoncito Pérez, el Papá Noel, los Reyes Magos, la Corona Catalano-aragonesa... -¡Alto ahí!, lo demás me da igual, pero no me toque usted a los Reyes Magos. -Pues hombre, sé que duele la verdad, pero es el único camino que nos queda si queremos salvarnos de algo, de otro modo se va instalando e institucionalizando la mentira, y llegará a ser el nuevo modelo de sociedad que regirá nuestras pobres vidas. Ya, hasta las altas instituciones negocian con la mentira.

Déjeme que le explique cuál es el beneficio de la mentira de los Reyes Magos: tratan mejor a los niños ricos que a los pobres, aunque los niños pobres se hayan portado muy bien. Si los niños no fueran engañados, podrían valorar con más aprecio el esfuerzo y a veces sacrificio de sus padres, ¿por dónde encontramos a esto una justificación?, ¿será porque la mentira nos enamora más que la cruda realidad?, en ese caso estamos abocados a más y más mentiras. Heródoto, historiador griego, indicó en sus escritos que los Magos eran sacerdotes persas dedicados a la astrología, la interpretación de los sueños y la hechicería. Explica "The International Standard Bible Encyclopedia" que en el periodo helenístico, "mago" era un término más abarcador; se refería a alguien con conocimientos y poderes sobrenaturales que en ocasiones practicaba la magia. La estrella fue "vista" únicamente por los astrólogos y los guio primero a Jerusalén, al palacio de Herodes, el potencial asesino del futuro Mesías. Dios les advirtió para que en su regreso no pasasen por Jerusalén. Si Dios había enviado ángeles a informar a humildes pastores del nacimiento de Jesús (que no es en invierno cuando están al raso con las ovejas), ¿por qué habría de recurrir a una estrella para guiar a astrólogos paganos, primero hasta su enemigo Herodes y luego hasta el propio Jesús? La única conclusión razonable es que la estrella fue un fenómeno paranormal, una artimaña siniestra de Satanás, "el padre de la mentira". Por culpa de esa estrella, José, María y el niño tuvieron que escapar a Egipto, y por ella murieron los niños de Belén.

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