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Un olivo por Palestina en Mieres

22 de Enero del 2024 - Javier Arjona (Siero)

La Corporación mierense, con su alcalde y equipo, junto a colectivos de solidaridad, planta un olivo dedicado al pueblo palestino junto al Ayuntamiento.

Poemas, músicas, y consignas de fraternidad, acompañaron la buena plantación del árbol.

El olivo es esencial en la cultura, la herencia y la identidad palestinas y simboliza la resiliencia, la firmeza y la resistencia palestinas; los olivos son profundamente valorados por su capacidad para prosperar y echar raíces profundas en tierras donde el agua escasea. El aceite de oliva es un producto clave de la economía nacional palestina.

Tras la ocupación de Palestina, las fuerzas israelíes apuntaron a los olivos como una forma principal de robo de tierras y comenzaron a arrancar de raíz los olivos palestinos por cientos de miles.

El olivo es el árbol nacional del pueblo palestino y su cultivo trae consigo una tradición milenaria, razón por la cual se ha convertido en una víctima frecuente de las retroexcavadoras israelíes, que han arrancado millones desde 1967.

El olivo tarda nueve años en crecer, por lo tanto su plantación no está pensada para el consumo inmediato, sino que se cultiva para las futuras generaciones. Es por ello, que el olivo se ha convertido en el símbolo de la lucha y la resistencia palestina.

Los olivos son venerables árboles antiguos; han escuchado muchos juramentos y han sido testigos de numerosos secretos en sus largas vidas, han dado sus frutos a millones de personas en todo el mundo.

Algunos olivos tienen más de 2.000 años, aunque hay uno en el pueblo al-Walaja, a cinco kilómetros de Belén, que cuenta con 5.500 años de historia.

A finales de octubre la gente palestina celebra unas vacaciones anuales llamadas "Días de Olivo", coincidiendo con la temporada de recolección.

Rafeef Ziadah

"Mi madre nació bajo un olivo

en la tierra que dicen que ya no es mía.

Pero cruzaré sus barreras,

sus locos muros del apartheid,

y volveré a mi hogar".

¿Y si hablamos más de Palestina... donde nos estamos jugando el sentido "de humanidad"?

Cuando hace ya una semana que se superaba la cifra de 100.000 personas, entre asesinadas, desaparecidas, heridas...

Con reporte de que 118 periodistas ya han sido asesinados (en muchos casos con toda su familia completa).

Con lo que dice el secretario general de la ONU de que los funcionarios de la ONU asesinados son ya 152.

Con el récord de infamia de 12.500 niñas y niños exterminados, según datos del Observatorio Euro-Mediterráneo con sede en Ginebra.

Con lo que decía ahora el presidente de Chile: "Gaza está peor que Berlín en 1945. Prácticamente todas las viviendas han sido destruidas y 1,5 millones de personas no tienen dónde dormir y ni qué comer."

Con el juicio iniciado la semana pasada en La Haya por un gobierno y país que ha sufrido históricamente el apartheid que ahora padece el pueblo palestino: la muy digna Sudáfrica, que ha dado una lección al mundo para exigir que pare el genocidio y que se enjuicie al criminal.

Por cierto que los abogados sudafricanos preparan otra querella contra EE UU y Gran Bretaña por su complicidad en este genocidio.

Cuando ni siquiera los muertos son respetados y se documenta que hasta los cementerios son profanados y los cadáveres robados, desmembrados.

Hay que detener el genocidio infanticida.

Hay que apoyar la demanda sudafricana en La Haya.

Hay que eliminar el comercio de armas con Israel.

Hay que desarrollar el BDS hasta que el apartheid, la ocupación, la limpieza étnica, dejen de ser práctica cotidiana.

Y mientras tanto, desde luego, romper las relaciones con un régimen sionista tan criminal.

#AltoElFuegoYA

Dado en Mieres el 18 de enero del 2024.

"En el tronco de un olivo", de Tawfiq Zayyad

Porque no tejo la lana,

porque a diario soy objeto

de órdenes de detención

y mi casa blanco de las visitas de la policía

para registrar y "limpiar"

porque no puedo comprar una hoja de papel,

grabaré todos mis secretos

en un olivo

en el patio de mi casa.

Grabaré todo lo que me cuenta el sol

y lo que me susurra la luna

y lo que me cuenta una alondra

junto al pozo que los amantes abandonaron.

Para recordar

seguiré sin descanso grabando

todos los capítulos de mi tragedia

y todas las etapas del desastre

desde el principio hasta el fin.

Allá, en un olivo

en el patio de mi casa.

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