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Honoris causa, pendente causa?

25 de Enero del 2024 - Juio L. Bueno de las Heras (Oviedo)

El título de doctor –cuyo ámbito y grado de reconocimiento viene condicionado por la entidad y prestigio del centro (Escuela o Facultad) que lo concede y de la Universidad que lo avala– presupone y acredita un nivel superior de autonomía y originalidad en las contribuciones (realizadas y por realizar) al desarrollo del correspondiente campo del saber (modo científico) o del saber hacer (modo ingenieril). El doctorado honoris causa es un fundado y graciable reconocimiento de una Universidad a los singulares méritos de una personalidad ajena –doctor o no– que se incorpora al propio claustro de doctores de la institución proponente, generalmente en virtud de la influencia de sus aportaciones en su propia actividad docente e investigadora o en la actividad social o empresarial de su entorno. De estas adopciones se siguen, simétrica o asimétricamente, honor, prestigio y demás legítimos beneficios sinérgicos personales e institucionales. Como ya saben, o como podrán fácilmente comprobar, nuestra Universidad de Oviedo puede servir de muy digno ejemplo a lo largo del tiempo.

En los discursos de aceptación establecidos por el protocolo, el doctorando tiene gran libertad para elegir temática, tanto recreándose en floridos pensiles para la evocación y la nostalgia como aventurándose por prospectivas de impacto o polémica –en casos menos frecuentes– tratando de sorprender a la audiencia y a la posteridad con declaraciones epatantes o provocativas, consolidada marca de la casa o puntos acumulables para ir haciéndose con una.

Muy recientemente el Dr. José Borrell, personalidad de indiscutible currículum (más político y diplomático que académico), proyección y ego, ha sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid, una de las dos más antiguas de España. Y, abundando en su faceta de verso suelto con querencias y autolicencias cesaristas, tratando de tú a tú a la Historia, en guerra y en paz, blindado o extralimitándose en sus altas encomiendas políticas del momento (no sería la primera ni será la última vez), ha optado por alinearse en la cuestión palestina más con el socialcomunismo sanchista –al que debe su actual puesto– que con el ambiguo y pretencioso europeísmo globalista al que –frecuentemente desnortado, según su propio discurso– sirve desde su alta representación supuestamente diplomática, atribuyendo al Estado de Israel una sucia y criminal responsabilidad en el origen de Hamás, un grupo terrorista de cuya existencia y monstruosos excesos bien conocidos servirse torticeramente, inclusive como víctima, en su lucha por la supervivencia nacional. Literalmente ha dejado caer, como consabido ante ignaros, que Israel está detrás de la "creación de Hamás" y más implicado en su financiación de lo que podrían –podríamos– estar otros países a causa de las más que probables desviaciones en destino sufridas por las ayudas económicas a Gaza.

Pero resulta que, en el "modo doctor", con o sin agitación de los flecos del birrete y gesticulación mayestática o magistral, hay que demostrar los diagnósticos con analíticas incuestionables o contrastables si no se quiere pasar por fabulador, imprudente o irresponsable "agitador del circo romano" (algo poco compatible con la probada autoestima del personaje). Por tanto, creo que el M. y E. Sr. rector de la UVA –como su predecesor, recordado miembro del profesorado de nuestra ovetense Facultad de Química–, no debería dar por definitivamente levantada la sesión del pasado viernes –al menos en el campo virtual– hasta que esta tesis se justificase y aprobase debidamente en el campo real. De lo contrario, el atril del salón de actos del Palacio-Colegio de Santa Cruz de la capital castellana podría correr el riesgo de remedar al Speaker's Corner de Hyde Park. A pesar de ser vallisoletano, exalumno y exprofesor de aquella universidad, como compatriota del Sr. Borrell, ilusionado europeo y decepcionado ciudadano de la UE, no sé qué me dolería más, que Borrell pudiera demostrar lo dicho o que hubiese metido la pata.

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